Neoanarquismo

Los últimos atentados con bomba dirigidos a las embajadas de Suiza y Chile en Roma, sumados a los ataques con cócteles Molotov registrados en la propia Roma y en diversas ciudades de Italia, durante los disturbios que se produjeron en protesta de las izquierdas por la supervivencia del Gobierno de Berlusconi tras del voto parlamentario de censura en el Senado y en el Parlamento, han llevado al Departamento de Estado a circular la instrucción de que se revisen los protocolos de seguridad en sus legaciones diplomáticas en Europa.

Analizados esos hechos, de gravedad media pero de importancia significativa, se advierte al primer repaso que nos encontramos ante un cuadro que cabría denominar de neo-anarquismo, efecto en parte de las resultantes sociales extremas de la crisis económica y que afecta especialmente a ciertos países de la OCDE – singularmente en Grecia-. Pero antes de seguir adelante habría que plantearse la cuestión de hasta dónde el caso de Wikileaks – que se ha traducido en la voladura sistémica de los circuitos de comunicación interna de las Embajadas norteamericanas y diseminado por el mundo masas ingentes de datos confidenciales –, es una estricta correspondencia, en el plano de la información internacional, con el anarquismo de la gasolina embotellada y los casos de terrorismo de media y baja intensidad de circulación postal, que también ha hecho reaccionar al Departamento de Estado.

Hecho este inciso, cabe pensar hasta qué punto estos fenómenos anarquistas no constituyen un síndrome propio del renacer, en este arranque del siglo XXI, de aquel otro anarquismo de la segunda mitad del siglo XIX que se batió el cobre frente al marxismo en la causa obrerista. Posiblemente sea precipitado anticipar hipótesis de este género, aunque la enorme revolución habida en el mundo de todas las comunicaciones, tanto para los mensajes como para el movimiento de las personas de uno a otro lugar, permite aventurar suposiciones y entrever posibilidades del tipo más diverso en el surgimiento de toda suerte de cambios.

¿Quién hubiera podido pensar en las Navidades del 2009 lo que Assange quizás preparaba para dejar en porreta los tráficos informativos internos del Servicio Exterior norteamericano, luego de que éste dejara en el rincón del olvido el sólido, discreto y fatigoso sistema de cifrado? Este asunto de Wikileaks, cuyo impacto puede ser de duración notable, aunque no proporcional al radio de su difusión tras del impacto producido, pertenece a un linaje de sucesos estrictamente propios del tiempo en que estamos y de las dinámicas que rigen y alientan en su seno.

El neo-anarquismo que da título a esta nota se configura así como necesaria hipótesis de trabajo a la vista de estos sucesos en los que se mezclan los signos de las más diversas violencias y los ecos de las más olvidadas batallas; pero sobre todo, llama especialmente la atención la simetría histórica, al menos en Occidente, del renacer anarquista, con pretensiones de otra aurora revolucionaria, y el ocaso de los euro-epígonos marxistas, tras el empuje de las mesocracias en que se ha resuelto históricamente la causa del proletariado. ¡Que resucite Huizinga y escriba “El otoño de la Edad Contemporánea“!