“Start II” y el hilo del ovillo coreano

Casi 20 años después del “Start I” y en la víspera misma de la nueva tanda de maniobras militares navales de Corea del Sur, a casi un tiro de piedra de los límites territoriales de Corea del Norte, el Senado norteamericano aprobaba ayer, con el voto consensuado de 13 senadores republicanos en apoyo de la propuesta demócrata, el segundo gran acuerdo con Moscú sobre armas estratégicas, en cuya virtud las dos grandes potencias militares reducen en un 30 por ciento los correspondientes arsenales.

Pero si relevante es que la política norteamericana haya reiterado en esta ocasión su capacidad para los consensos en las grandes asuntos nacionales, contrastando esta votación con la enfática derrota demócrata en las elecciones parlamentarias del pasado noviembre, es relevante también que este logro del presidente Obama, acaso para ratificar la experiencia política de que no hay punto sin contrapunto, ha tenido su contraste en la reticencia rusa – y china también –ante el actual ciclo de ejercicios militares surcoreanos en respuesta al bombardeo norcoreano del pasado noviembre contra la isla de Yeongpyeong; ejercicios con el apoyo explícito de Estados Unidos.

La cosa parece clara. En lo militar, para lo que toca al asunto del equilibrio de Fuerzas, la partida se juega en más de un tablero. Uno concierne al marco atlántico, que en la práctica agota los contenidos del pacto estratégico ruso-americano; pacto que incluye la reserva sobre la barrera antimisiles en Europa, con las modificaciones sistémicas incorporada por la actual Administración demócrata, que integran efectivos aeronavales como barcos, aviones y satélites para la detección y réplica de cohetería propia contra misiles enemigos.

El otro tablero de juego es el que concierne al escenario Asia-Pacífico, al que pertenece el problema coreano. Éste representa la esgrima ruso-china del problema en que consiste, al ser manejado con trazados de alfil por las dos potencias que apadrinan la creación estaliniana del régimen de Pyongyang. Moscú y Pekín expresaron su pesar, sin censurar, por los ataques norcoreanos de marzo – con el hundimiento del “Cheonan” – y de noviembre -con el bombardeo de la isla -, mientras que ahora han significado su preocupación, con censura implícita, por las maniobras aeronavales de Corea del Sur.

El ovillo del que sale el hilo del reverdecido asunto coreano tiene, a diferencia del ovillo atlántico, muchos más componentes de futuro que de pasado, puesto que afecta a los intereses rusos y chinos en el Océano Pacífico. Cuenca que es el palenque primordial para esta centuria. Hay como un cambio de agujas entre una globalidad y otra, la que acabó en el Siglo XX y la que comienza en este Siglo XXI. Y parece que la caseta del guardagujas está ubicada sobre el Paralelo 38 a la altura coreana.

A propósito de Corea, el dúo ruso-chino –mirando a Pyongyang – tiene enfrente, como antagonistas en la partida oriental – apoyando a Seúl- al dúo nipo-americano. La Historia sigue y parece repetirse, con lo de este asunto, al cabo de más de medio siglo; pero en esta situación lo que hace la Historia es remedarse a sí misma, puesto que la repetición aparente comporta siempre un salto íntimo a mayores niveles de complejidad. Aquello de la guerra coreana de 1950 sonaba en el Atlántico y esto de ahora resuena ya sobre el Pacífico.