Seúl se adentra en la disuasión

Lo que al principio cupo entender como probable, se comprueba y ratifica como cierto de todo punto. Arranca el cambio de la destitución fulminante del anterior ministro surcoreano de Defensa, que instalado en la antropología política del buenismo, actuó como si no hubiera ocurrido nada cuando los norcoreanos, en marzo, hundieron con un torpedo la corbeta “Cheonan”, que se fue al fondo del mar, partida en dos, con su entera dotación de 46 hombres. Considerado por la demencia reinante en Pyongyang que el adversario del Sur era pan comido, volvieron en noviembre a la andadas y bombardearon la isla de Yeongpyeong, matando a dos civiles y dos soldados. Los de Corea del Sur actuaron en consecuencia y echaron a la calle al titular del susodicho Departamento, con su irritante y estéril doctrina de la persuasión.

Y ahora, tras de noventa minutos de fuego real en el Mar Amarillo, mediante las maniobras militares de la semana pasada; objetadas por rusos y chinos, además de por la entera cofradía del pacifismo mundial y con la moral defensiva recobrada, el Gobierno surcoreano anuncia otras maniobras aeronavales: navíos de superficie y submarinos nucleares, además del correspondiente despliegue de aviones F-15.

El escenario en esta ocasión serán las aguas del Mar Oriental, a unos 30 kilómetros del espacio marítimo norcoreano. Si en las anteriores maniobras no hubo la anunciada respuesta armada por parte de Corea del Norte, con el comentario de que “no valía la pena”, la respuesta al actual anuncio todavía no se ha producido…

Lo que queda suficientemente claro es que con endoso del Pentágono, el Gobierno de Seúl ha cambiado su doctrina militar de defensa. Podría explicarse. No se trata, en esta materia, de una variable independiente de los surcoreanos. Todo forma parte de la ecuación nipo-americana sobre aquella región y el Pacífico noroccidental. Algo en lo que ciertamente no coinciden chinos y rusos, pues tanto sus puntos de vista, desde los correspondientes intereses, son simétricamente contrapuestos.

De una parte está el común interés de los Cinco (Estados Unidos, Rusia, China, Japón, y Corea del Sur) dentro de la negociación a seis bandas con Corea del Norte, para que ésta acceda a desmantelar, de una vez, su chiringuito atómico: clave de su propio sistema de disuasión y de su posible negocio de suministros tecnológicos a regímenes que paguen lo que se les pida. Acaso como Irán, uno de cuyos expertos nucleares del máximo nivel fue asesinado en Teherán, recientemente, a su regreso de Pyongyang con escala en Damasco, donde posiblemente fue detectado por el espionaje israelí.

De otra parte, hay que hacer notar cómo ese compartido interés en negociar, pasa a ser de signo muy opuesto en lo tocante a la geopolítica dentro de los aledaños del área pre-ártica. Allí tienen los rusos el interés en preservar los accesos y embocaduras a su península de Kamchatka; un interés que no empieza ni acaba con la explotación de los cangrejos gigantes…, pero que si enlaza, en cambio con el destino de las islas Kuriles, donde se registra presencia rusa en la parte norte desde el siglo XVIII, ampliada y consolidada tras de la Segunda Guerra mundial, cuando Stalin declaró la guerra a Japón cuando Japón ya estaba vencido por Estados Unidos. Tras de esa declaración de guerra, los rusos ampliaron a costa de los nipones la presencia que tenían en las Kuriles.

Se trata de una posición actualmente muy cuidada por el putinismo ahora gobernante en el Kremlin, que meses atrás definía su voluntad de regresar al diseño de una estrategia global para sus Flotas y para su aviación, en términos de gran antagonista de USA, como en los tiempos de la URSS.

El cambio de la doctrina de defensa surcoreana es coherente, por tanto, con el propio reajuste de los diseños estratégicos estadounidenses, que nunca dejaron su globalidad pero que ahora se atemperan a la misma evolución de la doctrina rusa; al tiempo que parecen reajustar sus propias reservas mentales ante los diseños de fondo de la estrategia china.

En todo eso tiene una importancia recrecida el equilibrio militar interno de la rótula coreana en ese geográfico del Pacífico. Al que algunos saludan ya como el Océano del Siglo XXI, relevando en su primacía al Atlántico, que la sostuvo desde el siglo XVI hasta la actualidad.