Contención frente a persuasión, desde Seúl

Optó Corea del Sur por la contención efectiva de las audacias norcoreanas, llevando adelante su decisión de efectuar las maniobras con fuego real en el Mar Amarillo, basadas en la isla de Yeonpyeong, que los del Norte habían bombardeado semanas atrás matando a dos soldados y dos civiles. Fue aquello la primera acción armada norcoreana sobre población civil surcoreana desde1953, año en que se detuvo la guerra entre las dos mitades de esa península asiática; pero sin que la guerra concluyera, pues todo quedó en simple y estricto armisticio.

Ese dato aporta el coeficiente formal bastante para que todas estas situaciones puedan verse en ese filo de la navaja que limita y separa la simple violencia armada del supuesto bélico. “Casus belli” de un solo paso fueron este reciente bombardeo norcoreano de Yeonpyong y el hundimiento de un destructor surcoreano con una cuarentena de marinos a bordo. Ocurrió todo para que la guerra siguiera adelante, aunque no pasó nada porque desde el ministerio de Defensa surcoreano se entendió que lo mejor era que la propia pasividad, la ausencia de respuesta militar, era lo más persuasivo y conveniente ante las brutalidades norcoreanas ejecutadas con fuego real contra objetivos militares y civiles de Corea del Sur.

Así se hizo cuando lo del torpedo que hundió el navío de guerra, y así se hizo luego con el bombardeo de la isla de Yeonpyeong. Y así por tal causa, en Seúl, al grito de menos persuadir y más contener, mandaron a su casa al anterior ministro de Defensa. Sin contención a través de la disuasión, la persuasión no vale para nada.

Así han pensado, al alimón, los Gobiernos de Seúl y Washington; con opuestas percepciones de la situación por parte de Rusia y por parte de China, copatrocinadoras en su día de la guerra que hubo en Corea, y que ahora no saben cómo apañárselas con el monstruito que trajeron al mundo. Un ente que, de otro punto, no de deja de serles de utilidad como tampax geopolítico en ese esquinazo occidental del Pacífico, donde casualmente vienen los rusos a proclamar y reclamar sus intereses en las islas Kuriles, donde reforzaron su instalación histórica en el epílogo de la IIGM, declarándole la guerra a un Japón que ya se encontraba vencido por Estados Unidos.

Bueno, tras de poco más de una hora de fuego efectivo, con la participación de obuses, barcos y aviones en el marco de unas aguas que Pyongyang reclama como propias, su Gobierno ha afirmado, tras de su aceptación de los hechos consumados y tragándose una tras otra las amenazas hechas de que aquello sería Troya de realizarse las maniobras militares anunciadas, ha venido a decir que “no valía la pena reaccionar a las provocaciones de Seúl”. El principio de contención, o de disuasión más o menos implícita, ha funcionado.

La firmeza y la determinación no han sido baldíos. Ni para Corea del Norte ni para sus padrinos históricos, los rusos y especialmente los chinos. Cabe decir por tanto que los nubarrones han desaparecido del horizonte y que, probablemente, tardará al menos un poco más de lo habitual el nuevo percance norcoreano. Sobre todo, si se reanudan las negociaciones a seis bandas para desmontar el tenderete atómico de Pyongyang.