Salto a la dictadura en Venezuela

Descartada la querencia de muchos Gobiernos de izquierda por los poderes especiales cuando sobrevienen circunstancias que amenazan su permanencia en el poder, especialmente en el orbe hispánico – con conciencia de la libertad política como bien necesario y con praxis de poder orientada por progresismos del todo discutibles -, es de notar en la actualidad de hoy, antes de que con la entrada del nuevo año entre también en funciones la nueva composición del Parlamento venezolano, con la pérdida de la mayoría absoluta en las últimas elecciones que tenía el partido socialista gobernante, la aprobación por la mayoría absoluta saliente, en primera votación, de la ley que otorga a Hugo Chávez poderes especiales.

Este texto legal aprobado, pendiente sólo de su ratificación el próximo jueves, permitirá legislar por decreto durante un año, de espaldas a la Asamblea Nacional, al caudillo bolivariano, que ha tomado como excusa y pretexto el supuesto estado de necesidad que ha sobrevenido a Venezuela por efecto de las torrenciales lluvias que han ocasionado destrozos muy sensibles en las infraestructuras del país. No es la primera vez que este personaje recurre a la fórmula de barra libre y exclusiva para él a la hora de legislar. Tan demócrata el bolivariano, le encanta gobernar por decreto.

Es lo suyo de Chávez remedar, casi 40 años después, la aventura chilena de Salvador Allende, que quiso llevar a su patria hacia el socialismo como sistema, y no como turno de poder, a través de los mecanismos de la democracia parlamentaria y burguesa. Pero no repetirá mientras pueda los errores de aquel simpático médico, que entendía más de camisas de seda – especialmente las que le hacían en Madrid cuando venía -, que de sintaxis constitucional. Ya que desde el primer momento legisló a su antojo, hasta el punto de que la Controlaría de la República le fue tumbando las más de ellas. Cometió además el inmenso error de tener como invitado durante un mes a Fidel Castro, que se pasó todo el tiempo incendiando con mítines al personal, especialmente a los mineros y al estudiantado.

Chávez no incurrirá en errores tales. El propio Fidel le habrá aleccionado. Además, mientras Allende – que mandó guardar los equipos mecánicos de los parques de obras públicas para que el peonaje se ocupara de tales trabajos, y así acabar con el paro, desatando de tal modo una inflación devastadora -; mientras Allende, digo, quiso operar con el cobre como materia estratégica, con lo que la ITT norteamericana replicó inundando el mercado mundial de esta materia y echó sus precios al suelo, el huésped del Palacio caraqueño de Miraflores tiene el petróleo. Y con ello, una margen y capacidad notables para comprar silencios y complicidades en el hemisferio hispánico.

Un año gobernando por decreto le va a suponer al chavismo una prórroga de poder suficiente para adentrarse mucho más de lo mucho que ya está por el camino que lleva al socialismo real y a la casi completa maduración de un sistema totalitario. Especialmente, si se repara que entre los decretos ya preparados, aquellos sobre el control definitivo de los medios de comunicación, tanto los escritos como los audiovisuales. Recluida la libertad de expresión, cancelada a corto plazo la democracia.