Assange, en buenas manos

¿Qué hubiera ocurrido con Julián Assange, el creador de Wikileaks, si en lugar de haber comparecido voluntariamente ante un juez británico, tras de pedir su extradición la judicatura sueca, por supuesta violación y por usar condones averiados, se las hubiera visto con juez de uno de tantos países que pasan por democráticos pero que dejan lo suyo que desear en lo que toca a la independencia e imparcialidad de sus juzgadores?

El hecho de que le haya sido concedida la libertad bajo fianza (200.000 euros), aunque con reserva de 48 horas por si el ministerio fiscal recurriera la decisión del juez, cuando todo parecía que no se le iba a conceder la condicional, dice mucho del juzgador, aunque también pueda ser ello expresivo de varias cosas: la evidencia de que fiadores no le van a faltar por el ancho mundo beneficiado por el regalo informativo de las filtraciones, y la circunstancia de que Australia, su patria, forma parte de la Commonwealth y su Gobierno ha roto ya por él cañas y lanzas.

El espectáculo judicial está servido, pero sigue en el obrador el pastel político que se prepara a propósito de esta historia de Wikileask, descabaladora de discreciones y secretos, prestigios y famas muchas veces inmerecidas. Vamos a ver hasta dónde la justicia de Suecia, con su contexto de derechos plenos e igualdades garantizadas, se parangona con esta primera parte británica del guión. Comprobaremos por dónde la lógica y vindicativa presión norteamericana se deja notar más. Pero donde sin duda no hará mella alguna es entre tantos millones de seguidores de Assange que se sienten beneficiados, retribuidos, por la nueva era de la información que, guste reconocerlo o no, ha sido abierta sin más título ni causa que la audacia de este hombre.

La información política internacional, en términos muy amplios, ha pasado de ser material que – administrado – mayoritariamente se recibe, a otra distinta cosa: algo que se consigue sin respetar secretos, vedados ni discreciones. No hay todavía nada cerrado ni concluido. Atentos, pues, a la pantalla.

SAHARA OCCIDENTAL.- Por esa revolucionaria carta australiana de la navegación informativa que es Wikileaks, hemos llegado también a verificar con pelos y señales eso que muchos sabíamos desde primera hora sobre la ruinosa improvisación de Rodríguez Zapatero en la política española con Marruecos, a propósito del envenenado asunto del Sahara. Entre otras cosas por las que la ocurrencia nos ha salido bien cara destaca ese 20 por ciento con que Buteflika nos ha encarecido el gas que nos suministra. Menos mal que estamos sobrados de recursos y nadamos en la opulencia económica y en la independencia energética. No es de extrañar que los bienpensantes del PSOE, que los hay, estén como desesperados buscando la forma de soltar lastre.

VUELVEN LOS ANARQUISTAS.- Dentro de las variadas especies de anarquismos, dentro de las cuales se podría incluir a Julián Assange, figura la de los violentos , capaces de ser confundidos con los terroristas. Ayer los hemos visto actuar en Roma, en medio de las manifestaciones – lo mismo que en Milán y otras capitales italianas – que se han producido para expresar el descontento y la irritación por la forma en que Berlusconi ha superado el voto de censura contra su Gobierno, tanto en el Senado como después en la Cámara Baja. Esos alborotadores a la gasolina, que han operado este año tanto en Atenas y Londres, y también en París, lo hacen ahora en Italia. En algunos casos, al aire que da la facilidad de viajar, de la revolución de las las comunicaciones de todo tipo, cabe entender que los protagonistas en estos distintos escenarios forman como comandos itinerantes siempre dispuestos a llegar, de forma muy puntual, donde brota una protesta política o social. Hay que tomar nota y volver sobre ello.