Recelos viejos ante problemas nuevos

La Inteligencia surcoreana cree probable ataques nuevos de Corea del Norte, cuando en el Mar Amarillo concluyen las maniobras navales conjuntas con Estados Unidos y se inician las maniobras navales en solitario por parte de Corea del Sur. El régimen norcoreano se ha tragado las bravatas, por ahora; pero la continuidad de la demostración surcoreana de fuerza mantiene la incógnita. Se trata, como se ve, de recelos viejos ante problemas nuevos. Aunque la vieja contienda de principios de los años 50, que supuso tanto como la botadura de la Guerra Fría, guardada en un frasco de formol por no haberse firmado el Tratado de paz entre las dos mitades de aquella península, compendie las dos cosas, el recelo de antaño y los problemas de hogaño.

También son de ayer los recelos rusos que subsisten tras de la Cumbre atlántica de Lisboa, celebrada con la asistencia del presidente Medvédev y en la que se le ofreció participar en el un nuevo escudo anti-misiles. Aceptada en principio la oferta por el jefe del Estado ruso, éste ha pedido, en el contexto de la posible alianza con Occidente, y como condición no dispensable, participar en el diseño del nuevo dispositivo estratégico. Tanto puede ser por desconfianza y recelo como por la ambición legítima de ser sujeto activo en el montaje de ese dispositivo estratégico, que monumentalizaría la entrada en una nueva era de la política internacional.

En realidad, salga adelante o no lo haga, la nueva era ha comenzado ya. Aunque entre Rusia y Occidente subsista un litigio de fondo. La disputa no reconocida expresamente de si con la llegada del putinismo al poder, tras de los mandatos de Boris Yeltsin, el Kremlin se ha constituido en heredero universal de todas las condiciones de hecho creadas por la Unión Soviética en la Europa del Este, desde Praga y Varsovia hasta Georgia, ya en el Cáucaso.

Al margen de ello, tanto los rusos como la OTAN comparten criterios en la identificación de los riesgos y peligros frente a los cuales se pretende levantar ese escudo anti-misiles. Pero también convienen en que uno de los peligros más significativos del tiempo nuevo no es otro que el terrorismo islámico. Y frente a eso, ¿para qué vale la barrera anti-misiles?

Digo esto ante la noticia de la desarticulación en Cataluña de un dispositivo de reclutamiento, de un banderín de enganche, para gente islamista, instalado en Barcelona, ¿qué barreras cabe levantar? Sólo las de la información policial. El riesgo y el peligro islamistas son riesgos compartidos por el mundo de la OTAN y por la nueva Rusia del putinismo, uncidos ahora por la Historia en el conflicto afgano, donde los soviéticos fueron derrotados y donde no está nada claro que la OTAN pueda conseguir no una victoria sino, siquiera, unos resultados de contención estables frente al islamismo. En el que no deja de apoyarse la República Islámica de Irán, sujeto de una aventura en la energía nuclear donde Corea del Norte llegó a puerto, pero también con posibles nexos de fondo con las gentes de Al Qaeda.