Aliado, tutor y confidente

Descontada ya la decisión norteamericana de pararle los pies a Corea del Norte, como define el acuerdo de las maniobras militares en el Mar Amarillo con el Estado surcoreano, este fin de semana, la atención, empero, se centra sobre Pekín. Que es el aliado, tutor y confidente del sistema estalinista norcoreano.

Casualmente (¿?), Wen Jiabao, el Primer ministro chino, se encontraba en Moscú – el otro padrino del adefesio atómico -junto al marco horario en que se produjo el ataque artillero contra la isla surcoreana de Yeonpyeong. Y ha sido allí, en la capital rusa, donde ha declarado que “China se opone a cualquier provocación militar”. ¿De qué tipo tal provocación, la pasada en que ha consistido el bombardeo, o la que pueden representar las maniobras navales de este fin de semana? La polisemia moral de la dialéctica totalitaria, que es el caso, no permite ahora mayores claridades en aquel escenario asiático.

Lo único que estaría claro a estas horas, de confirmarse la especie de que fue Kim Jong Un – el heredero de aquella esquizoide tiranía hereditaria – quien en presencia de su padre y de los altos mandos militares del régimen ordenó “in situ” que se abriera fuego contra la isla surcoreana, cuya población civil ha sido evacuada; lo único claro y cierto, digo, sería que la operación no habría venido motivada, como se ha dicho en Pyongyang, por disparos previos surcoreanos, sino por causas rituales en el introito sucesorio del sistema. Algo así como la prueba litúrgica de iniciación del heredero en las capacidades para continuar las hazañas del padre y las del abuelo en aquel demencial orden de cosas.

En ese marco de probabilidad sobre los orígenes de este último incidente se inscribiría el rechazo de Pyongyang a la propuesta de diálogo hecha por el Mando de Naciones Unidas (UNC), organismo encargado de la supervisión del armisticio con que se puso fin a la contienda de 1950-1953, aunque no a la guerra misma. Ésta continúa técnicamente activa. La proposición del UNC obedecía al propósito de rebajar la tensión en la zona mediante el intercambio de informaciones entre los dos Estados.

Entre tanto, en Corea del Sur se producía este jueves la dimisión del ministro de Defensa, aceptada por el presidente, tras de las críticas de la Oposición parlamentaria por la falta de reacción y supuesta debilidad, después del ataque artillero del martes, mostrada por el Gobierno. Y, al propio tiempo, desde Pekín se anunciaba la suspensión del viaje que el ministro chino de Asuntos Exteriores había de realizar a Seúl, aunque se precisaba que los dos Gobiernos negociaban una agenda alternativa . . .

Tal suspensión puede significar tanto que las cosas empeoran entre las dos capitales, como que en Pekín no tienen aún suficientemente claro sobre qué hacer concretamente en este compás, tan fluido en lo militar y en lo político. Pero en todo caso es sobre China hacia donde se dirigen las miradas en los actuales momentos, cuando el “George Washington” tiene puesta proa hacia el Mar Amarillo para empezar, este domingo, las maniobras navales conjuntas con los surcoreanos. Desde el fondo de esfinge que tiene esta crisis brotan interrogantes de amplísimo espectro, en las que se entrecruzan tanto los eventos militares a muy corto plazo, como las alternativas de negociación por el espacio multilateral para la liquidación del arsenal atómico de Corea del Norte.