Querellas contra complacencias

Dos querellas en la Audiencia Nacional contra el alevoso asesinato en El Aaiún, por la Policía marroquí, de un saharaui español, Baby Hamday Buyema, ingeniero adscrito a la explotación de los fosfatos de Bu Craa (el mayor yacimiento del mundo), descubiertos por España y por España montada su explotación, que habrían de ser la dote que dejábamos para la aventura de los saharauis en su independencia, pero que ahora sirven para algo más que para sufragar los gastos que le supone a Marruecos la línea defensiva frente al Polisario y los miles de saharauis acampados en el desierto, bajo la interesada tutela argelina, desde la anexión jerifiana desde la Marcha Verde.

El pasteleo indecente con que el Gobierno del presidente Rodríguez obsequia al régimen de Rabat no tendrá continuidades con las otras instituciones del Estado español, especialmente con el Poder Judicial – que tampoco las tiene con el régimen del cabeza hueca de Hugo Chávez a propósito de la acogida que dispensa a los etarras, integrándolos en los sistemas de seguridad de su régimen y blindándolos con pasaporte venezolano por si la judicatura española les reclamara un día tal como ha sucedido y seguirá pasando -.

Tampoco es de complacencias el turno que les prepararan a los ocupantes marroquíes del Sahara las instituciones europeas. Al punto que la Eurocámara ha hecho caso omiso de la presión de Rabat para que, al igual que en anteriores ocasiones, se limitara a escuchar los informes del Gobierno marroquí y en ningún caso entrara en la votación, si va a ocurrir ahora tras de lo ocurrido en la razia inmisericorde ordenada por el Comendador de los Creyentes contra el campamento de contestación montado por los saharauis, hartos hasta donde no decir más con las pretericiones a que son sometidos y postergados en favor de los “populatores” o colonos desplegados allí después de la Marcha Verde. Mohamed VI es, por lo que se ve, Comendador sólo de los creyentes jerifianos pero no de los saharauis.

Para el Sultán, pasadito de arrobas y de impaciencia ante las resistencias polisarias y las reticencias de la población autóctona en general, los saharauis no deben ser siquiera hijos de Alá.

Pasado mañana habrá una votación en el Parlamento Europeo, no quedando la cosa, por tanto, en una mera exposición del ministro marroquí de Asuntos Exteriores, el mismo personaje que en Madrid y en presencia de Trinidad Jiménez, su homóloga en la materia, puso a los periodistas españoles a bajar de un burro, por haber tenido la osadía de contar lo poco que les contaron sobre lo que ocurría en El Aaiún a donde hasta entonces y muchos días no les habían dejado acercarse, luego de filtrarlos y de vetar a los que les resultaban más incómodos.

Este jueves habrá de cantar la gallina en la Eurocámara y luego llegará la votación, que por equilibrada que sea o aguada que resulte, será un certificado de que de Europa no cabrá esperar las complacencias encontradas en España de parte del Gobierno de ZP, que a decir verdad tiene en este asunto contestación ascendente dentro de su propio partido. Y, en cualquier caso, enfrenta asimismo la responsabilidad jurídica y política de actuar judicialmente contra los asesinos de un compatriota.