El misterio de ZP con Marruecos

No tiene misterio alguno la pachorra de la UE ante la escandalera internacional por las tropelías marroquíes en el Sahara Occidental, al no incluir el tema en la agenda del Consejo de Ministros de Exteriores, de inmediata celebración, y posponer la consideración del asunto al 13 de diciembre, en el marco de la reunión que celebrará entonces el Consejo de Asociación que la Unión mantendrá entonces con los jerifianos. Aquello que se explica nada de misterio tiene, y carece de todo misterio la compartida posición de la Francia de siempre y de la España de ZP a favor de las trapacerías de Rabat con el pueblo saharaui. El París de siempre y el Madrid de ahora están por la labor de que cuanto más se demore el debate del problema, mejor será para el sultán de Rabat. Y a ello ciertamente no se opone la señora Ashton, la Alta Representante de la UE para los temas internacionales.

El misterio de la posición del presidente Rodríguez estriba en que no parecen ni por asomo suficientes o proporcionadas sus “razones” (colaboración contra el tráfico ilegal de emigrantes, apacibles relaciones económicas, normalidad en las relaciones pesqueras, etc, propias de un estatus de correcta vecindad, que no excluye crisis periódicas sobre Melilla). Una posición que no sólo le enfrenta a todo el arco parlamentario español, exceptuados los filántropos del PNV y Coalición Canaria – comisionistas de la salvación de los Presupuestos -, sino que ha llevado a las críticas dentro de los barones del PSOE en Extremadura y Castilla la Mancha. Ahí si hay misterio o tomate, como se le quiera llamar.

Misteriosa es la desproporción existente entre peso tan liviano de las razones o fundamentos de la posición que el presidente del Gobierno ha tomado ante eventos tan graves como los sucesos del Sahara, congruente, de otro punto, con la entregada actitud que sostiene ante Mohamed VI desde antes de su propia llegada a la Moncloa, cuando estaba todavía en la Oposición y fresco aun el recuerdo el suceso de Perejil, cronológicamente enrasado con las aproximaciones a los entornos de ETA para la futura negociación, fresca aun la tinta de la firma bajo el Pacto Antiterrorista suscrita con el segundo Gobierno de José María Aznar.

¿Por qué tan inalterable y sostenida actitud con el rey de Marruecos en personaje políticamente tan tornadizo para las relaciones con interlocutores en general, aliados y socios? No se encuentra explicación. Aunque la debe haber. Y no se trata ciertamente de un tema baladí, tanto en la escandalosa actualidad como en el permanente interés que los temas marroquíes tienen ahora y han tenido siempre para los españoles. En este sentido, una cuestión como la que centra el presente comentario, es de interés preferente, puesto que entre otras muchas cosas afecta y contradice la propia línea que el PSOE mantuvo con el Sahara y con Marruecos hasta que ganó las elecciones del 2004 tras del atentado ejecutado por magrebíes aquel fatídico 11 de marzo.

La oscuridad que prevalece sobre el por qué de la cobertura al rey de Marruecos en que insiste José Luís Rodríguez Zapatero, supera, muy de largo, sobre la otra que impera respecto al futuro de la economía española. Tal incógnita es materia de inquietud nacional; de porte parecido a la que supone la también misteriosa insistencia en conseguir una salida negociada al problema terrorista de ETA; o al terco mirar a otra parte ante los agravios y la complicidad con los etarras del cabeza hueca de Hugo Chávez. Fantoche que ha constituido la Venezuela actual en retaguardia y reservorio del terrorismo vasco.