Brasil consolida el Lulismo

La amplia ventaja lograda por Dilma Rousseff sobre el socialdemócrata José Serra, ha sido directamente proporcional a la amplitud del apoyo dispensado por el presidente de la República, Lula da Silva, a su candidata de su propio partido, el PT (Partido de los Trabajadores). Tan entregado apoyo y tan exhaustiva postulación ha sido un signo enteramente percibido por las mayorías nacionales, que en términos de simple demoscopia, en los sondeos y no en las urnas del actual turno, seguían otorgándole una preferencia del 80 por ciento.

Será todo lo importante que se quiera, y es muchísimo, el que una mujer ascienda en Brasil por primera vez a la jefatura del Estado. Pero lo es todavía más la novedad del capítulo que se abre en la historia del gigante iberoamericano con el inicio de lo que cabe llamar maniobra de largo aliento, en cuya virtud los esquemas y el esquema político del presidente Lula seguirán pulsando por un largo periodo, en términos de continuidad que se proyectan más allá del mandato( o de los dos mandatos) que Rousseff está vocada a desempeñar.

Ya hay voces brasileñas que advierten, con unos pocos o con muchos puntos de alarma, que el proyecto político de Lula no se extingue ni acaba el próximo mes de enero, cuando entregue los poderes a la presidente electa. Si la salud no le falla y el patrón de normalidad nacional e internacional no hace ningún extraño, de los que nunca faltan en la Historia, Lula – según se dice – tendría pensado hacer con Rousseff algo así como lo que hizo el difunto Néstor Kirchner con el mandato presidencial obtenido en su día por la madre de sus hijos: pasar del ejercicio directo y formal del poder a la tutela del mismo por parte de quien lo acaba de obtener en las urnas.

Pero ese paso no acabaría ahí. Cuando Dilma Rousseff agotara las opciones y turnos de poder que la Constitución de Brasil determina, sería Lula da Silva quien de nuevo optaría a la presidencia, intentando de esa manera concluir su “misión histórica” y su proyecto visionario de un Brasil constituido en potencia emergida y consolidada. Es posible que sea así. Precedentes en este sentido no se agotan en el caso argentino, pues si la cultura política del Plata es sabidamente fecunda en creacionismo y fantasías con el poder político como materia prima, hay otros pagos donde lo atípico ofrece también muestras merecedoras de atención.

Me refiero, claro está, a la peripecia en este mismo sentido que se desarrolla en la Rusia del putinismo. Con Medvédev en la jefatura del Estado por voluntad y poder de su amigo Putin, y con éste instalado, mientras tanto, como Primer ministro en el Gobierno de la Federación, que además de gobernar impera sobre todo. Y lo hace hasta el extremo de mandar al jefe del Estado a que se dé una vuelta por las islas Kuriles, que la Unión Soviética tomó a Japón cuando al Japón ya vencido en la Segunda Contienda Mundial el padrecito Stalin le declaró la guerra. Por lo que cabe advertir, visto qué parece dar de sí en términos de carácter, a Medvédev no se le habría pasado por la cabeza incomodar así, tal como lo ha hecho, al Gobierno japonés.

Volviendo a Brasil, Dilma Rousseff aparece en cualquier caso como componente capital del proyecto que Lula da Silva tiene para su patria. Un proyecto que desborda, como su comportamiento durante la campaña ha demostrado, el tiempo y los plazos de sus dos mandatos. De ahí las características tan singulares de su apuesta por la ex guerrillera doña Dilma durante el octubre electoral vivido por Brasil. Todo ha sido tan singular que habrá que seguir cons atención la forma en que se desarrolla el “tutelaje” de la presidenta electa por el presidente saliente.