El cuento iraní de la buena pipa

Al cabo de poco más de un año vuelve el régimen iraní a ofrecer diálogo al grupo 5+1, o sea el censo de las potencias que tienen derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, más Alemania, que cualquier día podría tenerlo si se la incorpora como miembro permanente visto su peso económico y tenido en cuenta su imperio político ascendente dentro de la Unión Europea. El torniquete aprobado en la última rueda de sanciones por parte de la ONU, ante el caso omiso por parte de Teherán ante las exigencias de la Agencia Internacional de Energía Atómica, debe haber producido asfixia bastante para que Irán se haya dirigido a la Alta Representante para la Política Exterior, Catherine Ashton, manifestando su disposición para volver al diálogo, en Ginebra, a partir del próximo día 10.

Estos contactos de negociación se habían interrumpido en octubre del año pasado. Por circunstancias que no se explicaron, se fue al traste el acuerdo de principio al que se había llegado, consistente en un sistema circular en cuya virtud los iraníes entregarían a rusos y franceses uranio pobremente enriquecido, sólo al 3,5 por ciento, y éstos reexpedirían a Teherán barras de uranio con riqueza del 20 por ciento para ser utilizadas con fines médicos en hospitales de la República Islámica.

Llegaron a merecer tales acuerdos manifestaciones de alabanza por las autoridades de Irán, incluso por parte del presidente Ahmadineyad. Pero de manera súbita, sin que mediaran explicaciones proporcionadas en su detalle a la trascendencia política de tal decisión, aquel proceso de negociación se fue al garete, y de seguido se reanudó el ciclo de las sanciones progresivas por parte de la comunidad internacional.

De momento, estamos ahora ante lo mismo, aunque exactamente al revés. Tampoco se sabe ahora cual es la razón del inverso viraje que se ha producido. Es la falta de transparencia política, derivada del totalitario oscurantismo del sistema, lo que impide saber porque se hizo aquello y porque se contramaniobra en estos momentos. Un sistema como el iraní en el que una parte del mismo, aquella que está llevando las de perder desde que se produjo el gran pucherazo electoral, ha sufrido, por extensión, las consecuencias del hermetismo y la represión del aparato del Estado conducido por Alí Jamenei, Líder Supremo de la Revolución, de la misma manera que la sufrieron previamente los concernidos en la protesta de agosto de hace dos años contra la manipulación de los resultados habidos entonces.

El régimen islamista de Irán padece un disenso interno que se agiganta a cada día de pasa y que, por lo mismo, se define tal disenso como condición especialmente grave cuando la presión internacional se estará ya traduciendo en trastornos y estrangulamientos económicos y sociales de toda laya, susceptibles de cebar las bases de una protesta como la que nunca ha tenido que soportar el sistema establecido en 1979, bajo el mando del ayatolá Jomeini, en cuyos manos se combinó, con la aceptación de las propuestas de la Ley Islámica o Sharia, con la adhesión nacionalista contra los compromisos con Occidente asumidos por el Sha Mohamed Reza Pahlevi, cuya muerte en el exilio, acaecida en Egipto, se produjo hace ahora 30 años. Esa alianza sinérgica entre islamismo y nacionalismo es posible que haya entrado, por causa de las trampas electorales, en una fase crítica que acecha la propia estabilidad del sistema.

Dentro de esa tensión, agravándola, podrían estar operando los inconvenientes sociales y económicos que se derivan de las sanciones internacionales por causa del programa nuclear del régimen, al que ahora se ha sumado la puesta en actividad de la central atómica instalada por Rusia en el país. Esto último podría contener la clave del nuevo cambio iraní en el debate de la República Islámica con la comunidad internacional. Quizá porque ello fuera condición impuesta por los rusos, que ya estuvieron concernidos en aquella fórmula de intercambio que se fue a pique por la inexplicada defección del Gobierno iraní. Algo que ya había sido entonces la primera edición persa del cuento de la buena pipa.