Previsto rechazo en Habana

No era menester consultar las entrañas de las aves ni descifrar el trazado de sus vuelos para acercarse a saber qué vendría después de lo conseguido, en Luxemburgo sobre Cuba, por Trinidad Jiménez con su flamante responsabilidad ministerial de Asuntos Exteriores, en el curso de la reunión con sus homólogos de la Unión Europea. Reunión de la que salió el acuerdo de encargar a la Alta Representante, Catherine Ashton, el establecimiento de contactos políticos con Cuba para explorar vías para un nuevo acercamiento.

El vínculo establecido por la Unión Europea entre el cambio del castrismo hacia la libertad y la normalización de la relación económica y política con la UE, es tan indisoluble como el del matrimonio que sostiene la institución que medió para conseguir excarcelaciones de los presos de conciencia. Y es eso para ahora mismo, no cualquier otra cosa, lo que pretende el sistema que gobierna en Cuba, empeñado al parecer en llegar a la setentena bien cumplida, como lo hizo el paradigma soviético en que se inspiró.

Desde la suficiencia que da todo discurso sin réplica interna, el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, Bruno Rodríguez, ha podido decir en la ONU que la Unión Europea “sueña” si entiende que la normalización de las relaciones (con La Habana) es posible sin la ruptura de ese vínculo o condición previa que es la posición común, establecida en 1996, cuando se determinó que nada habría en todo lo demás si previamente no mediaba la liberalización del sistema castrista. Impuesto a tiros la noche en que se despedía la década de los años 50 del pasado siglo.

Cabe decir – vista la arrogancia del régimen, verbalizada y expuesta por el ministro cubano -, que sería el castrismo quien concediera la normalización de relaciones con la Unión Europea, para que se reforzara de modo significativo la legitimidad histórica, política y moral del proyecto iniciado con la firma del Tratado de Roma. Y no al contrario. Como observaría el castizo, es ir a tal y no echar gota. Aunque también queda reconocer que el desplante tiene una obvia lógica interna. Si la dictadura se abre, la dictadura se cae. Un sistema autoritario sí puede de alguna manera sucederse a si mismo, como ocurrió en Portugal con el salazarismo, relevado sin solución de continuidad por el caetanismo; pero no una dictadura.

Así están las cosas. En la diplomacia española, como en la casa del pobre, poco dura la alegría. El progreso obtenido con la Unión Europea a propósito de Cuba, es de trazado circular. Hubo pasos pero a ninguna parte.

Aunque es para el pueblo cubano para quien la noticia resulta rigurosamente pésima. Sólo es factible en la isla el cambio cosmético. Se excarcela a unos presos – mientras se detiene a otros – para que marchen fuera, tildados “de agentes pagados por el Gobierno de los Estados Unidos”, como ha dicho Bruno Rodríguez al criticar al Parlamento Europeo por haber concedido a Guillermo Fariñas el premio Sajarov a la defensa de los derechos humanos. ¿Cuánto habrá que cobrar por tenderse varias veces, con las huelgas de hambre, sobre la raya misma de la muerte?

TARIQ AZIZ Y TEHERÁN.- Otra pregunta, ¿hasta dónde no ha llegado la mano de Irán en Bagdad, con la condena a muerte por el Tribunal Supremo iraquí para Tariq Aziz, cristiano caldeo, que fue ministro de Asuntos Exteriores y segundo hombre del régimen baasista de Sadam Hussein? ¿Qué habría pesado más en esa presión, su condición de cristiano o sus responsabilidades como gobernante en Iraq durante la guerra con Irán?

Es la segunda vez que se le procesa por lo mismo. Se le declaró inocente en la primera. Se le pide la horca en la segunda. ¡Qué difícil despegar hacia la democracia, que es línea de llegada y no línea de salida!