Esperando la respuesta de La Habana

Vamos a ver de qué modo encaja el régimen castrista el desenlace de la reunión ministerial de Luxemburgo ante los frutos obtenidos por la diplomacia de Zapatero con el cambio de Miguel Ángel Moratinos por Trinidad Jiménez en la cartera de Asuntos Exteriores, en la enconada cuestión de las relaciones con la Unión Europea.

Los resultados conseguidos por la nueva titular en la reunión celebrada por los ministros de Asuntos Exteriores de la UE, propiciados por el apoyo de Francia y el alineamiento de los belgas, permiten que en el plazo de dos meses puedan haberse establecido condiciones que permitan a la UE establecer con Cuba relaciones políticas y comerciales del género de las que se mantienen con varios países iberoamericanos. Sin embargo, no se ha llegado a más. Las cosas siguen como estaban en la cuestión de fondo contra la que ha pugnado Rodríguez Zapatero desde que llegó a la Moncloa.

Esa posición común del conjunto de la Unión en lo tocante a las relaciones de ésta con el régimen de La Habana, establecida desde 1996 por iniciativa del primer Gobierno del Partido Popular, es posición que continúa inalterada, entre otras razones porque Chequia, Suecia y Alemania sobre todo, se resisten a que sea modificada mientras no se produzcan cambios políticos que afecten, modificándola, a la naturaleza totalitaria del sistema establecido hace medio siglo en Cuba.

Lo logrado en esta ocasión tiene como base las excarcelaciones de presos políticos conseguida por la mediación de la Iglesia católica y la presión de quienes como Guillermo Fariñas, el último Premio Sajarov a la Libertad de Conciencia, se han sometido a regímenes de ayuno que han puesto en peligro su vida, tal como sucedió en el pasado febrero a Orlando Zapata, denigrado por el régimen al días siguiente de su inhumación.

Sin embargo, ha sido el muy limitado carácter de estas excarcelaciones lo que no ha permitido hasta ahora, y previsiblemente no permitirá en mucho tiempo, la remoción de ese principio de cautela. Principio que aporta sentido a que dentro de la Unión Europea, tan infradotada de capacidades para la definición de una política exterior común, no se dé oportunidad a iniciativas diplomáticas independientes con La Habana.

Sólo una apertura real del régimen castrista hacia un proceso de cambio genuino, de apuesta inequívoca hacia la democracia y las libertades, desbloquearía las diplomacias europeas en lo que respecta a las relaciones con Cuba. De momento, las excarcelaciones, significando lo suyo para la diplomacia española actual, resultan insuficientes de forma palmaria para acreditar la existencia de una evolución del sistema.

Los presos cubanos que fueron encarcelados por objeción de conciencia a la falta de libertades, no dejan la prisión para salir a una sociedad libre, sino que resultan pasaportados al exilio. Algo que viene ocurriendo mientras las vacantes penitenciarias ocasionadas por su salida son cubiertas por el ingreso de otros reclusos originados por la misma causa. Por todo eso, se mire por donde se mire, todo este proceso gestual del régimen cubano con las excarcelaciones tiene un ingrediente cierto de simulación. Pero habrá que seguir esperando.