Extraordinariamente nuevo, extraordinariamente grave

A la hora de redactar esta nota el presidente Obama no había dicho aun esta boca es mía a propósito de las estremecedoras revelaciones de “Wikileaks” sobre los supuestos y muy graves abusos de fuerza por parte de en Irak, lo que ha llevado al relator de la ONU sobre la tortura, Manfred Novak, junto a Human Rights Wach y Aministía Internacional insten a que se abra una investigación sobre la  eventual participación de fuerzas norteamericanas, mientras que el “New York Times” habla de “indiferencia institucional” en EEUU  respecto del problema.

Los 400.000 documentos  a que se refiere el citado y revolucionario portal de Internet como base de sus revelaciones, y de los cuales afirma que reúnen los contenidos del trabajo de campo llevado a cabo por los soldados norteamericanos, sólo han tenido un eco – condenatorio – del Pentágono por el hecho incuestionablemente grave de las filtraciones; tan masivas y sistémicas las filtraciones de los pormenores de una guerra de invasión; hibridada además, de las revanchas sangrientas que son propias de las guerras civiles. El alud de tan ingente masa de informaciones de campaña, con todos sus fatales ribetes de daños colaterales de toda condición y alcance, ha roto las costuras de la solidaridad formal y plena a que se deben los Gobiernos de los países aliados, desde el principio al fin de la campaña.

Se ha producido la ruptura por el que bien podía haber sido el más inesperado de los costados. El británico. La declaración de Nick Clegg, el vice primer ministro del Gobierno de Su Graciosa Majestad, cuando ha dicho que “podemos deplorar la manera en que han tenido efecto las filtraciones (informativas), pero creo que la naturaleza de las acusaciones es extraordinariamente grave”. Tanto como pudieran serlo a su vez estas palabras para la estabilidad y el futuro de la coalición gobernante en el Reino Unido de la Gran Bretaña. La ley liberal del vice primer ministro, que implica una concreta jerarquía en el orden de las prioridades morales, ha salido por donde el problema presionaba para finalmente salir. Los daños colaterales no son sólo un concepto en toda guerra. Tienen, como se ve, curso también en la vida política.

Tan indiscutible como que estas filtraciones tan anómalamente masivas pueden causar daños muy graves para la seguridad de los propios combatientes, igual en la cerrada guerra de Irak como en la plenamente cursante de Afganistán, es la circunstancia de las atrocidades cometidas al margen de los frentes y de los escenarios convencionales de la lucha militar, frente al Ejército iraquí mientras estuvo en pie como en las retaguardias urbanas, donde operaba la resistencia islamista y donde las facciones árabes contendientes ventilaron desde el primer momento sus rencillas, enraizadas en odios seculares como los propios entre los mayoritarios chiíes y los minoritarios suníes, que siempre se mantuvieron, sin embargo, en el poder. Ámbitos éstos en los que presumiblemente se produjeron los abusos, torturas y asesinatos; mientras que episodios como la muerte de civiles causada por las fuerzas norteamericanas, tendrían otro origen  bien distinto, como los ametrallamientos de cámaras de televisión, entre ellos el de nuestro compatriota Couso.

Concluyamos provisionalmente que dos estructuras han salido dañadas a propósito de los enormes derrames informativos que se han producido. Una, la de la seguridad de los tráficos informativos internos, afectados por los secretos propios de toda campaña militar. Y otra, la de los derechos humanos, tan brutal y masivamente atropellados dentro del cauce de las dos superpuestas guerras de Iraq. La civil y la de Bush. Aunque por las dos puede que ahora pague Obama.