Chávez, temporal de decretos hasta enero

La hemorragia de gorilismo padecida por el presidente de Venezuela en el curso de la conferencia de prensa habida después de las elecciones del domingo, ya habrá dado la vuelta al mundo. Tuvo una periodista venezolana la avilantez de preguntarle cómo y de qué manera cabe explicar que habiendo conseguido en la práctica – sólo 100.000 votos de diferencia – el mismo número de votos las dos opciones principales, el oficialista PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) y la alianza opositora MUD (Mesa de Unidad Democrática), la primera se haya llevado 98 escaños a su cuenta mientras que la segunda sólo haya conseguido 65 diputados. Conforme la sistémica electoral establecida después de la reforma de hace un año, al chavismo le corresponde por los atributos carismáticos de su líder un bonus de 33 escaños. Conforme el principio de un peculiar entendimiento del socialismo, ese del Siglo XXI del que blasona el huésped del Palacio caraqueño de Miraflores, quien parte y reparte se queda con la mejor parte. La revolución bolivariana da para eso y para mucho más.

Yo que he visto el vídeo de esa conferencia de prensa, que ayer me enviaron unos amigos venezolanos, sentí un rubor cierto por pertenecer al mismo universo cultural, hispánico, al que pertenece ese cafre que rige los destinos de Venezuela, especialmente alentado, desde su regreso al mundo de los políticos vivos, por ese otro libertador que las izquierdas se sacaron de la manga hace ya demasiados años y que tiene a estas alturas de su resurrección – secuestrada – en su bolsillo a la diplomacia española. Justo es recordar que Castro, tan fino analista como siempre, ilustró el desenlace electoral venezolano de este domingo como un triunfo frente al Imperio. Y en el mismo turno de bochorno hispánico, Chávez vendría a decir también que su triunfo en las urnas lo había sido contra quienes quieren apropiarse del petróleo de Venezuela como él se ha apropiado de los votos, igual que se los apropió su compadre Ahmadineyad.

Sólo en un contexto como el que actualmente vive Venezuela desde que el golpista golpeado tomó definitivamente el poder con promesas que están en las antípodas de la realidad establecida por el chavismo; sólo en una circunstancia así, de presión y coacción, se explica que los colegas allí presentes, exceptuados claro está los paniaguados del régimen, que incluso reían los chistes del homínido embanderado, no se levantaran y abandonasen el lugar en solidaridad con aquella valerosa compañera, que tuvo lo que hay que tener, el brío profesional necesario para echarle en cara al tramposo la falsificación de la democracia política, al hacer de las urnas un campo de minas para el adversario.

Darle más valor a los votos de las circunscripciones electorales que le son propicias, por retraso cultural y por estar marginadas de los debates y procesos de opinión, que a los sufragios procedentes de las otras zonas del país, principalmente las urbanas, donde las libertades residuales como la de prensa, televisión y radio, consiguen mantenerse aun en pie, es la explicación de que – aparte de las trampas cometidas y documentadas en colegios electorales y durante el escrutinio, pues nueve horas tardó el Consejo Nacional Electoral en soltar los resultados provisionales de la consulta –, la explicación, digo, de que el PSUV se apropiara de 33 escaños más de cuantos en buena lid le habrían correspondido.

Para rematar las sevicias cometidas con la periodista, el artista del show “aló presidente” promete desde ahora hasta enero, en que se constituirá el nuevo Parlamento, un huracanado trimestre de decretos para que los votantes disidentes del chavismo sepan qué vale un peine. El castrismo llevaba a sus disidentes a la cárcel, el chavismo les rociará con decretos de los que hagan arder el pelo, hasta que se constituya en el Parlamento la minoría de bloqueo. Son las delicias de las democracias para la igualdad, itinerantes todas hacia la dictadura.