Tropiezo electoral de Hugo Chávez

No ha sido un victoria pírrica, pero casi. Todo ha tenido además un tufo a trampa electoral de dimensiones persas, de la cocina su amigo Ahmadineyad. Nueve horas como nueve meses tardaba el Consejo Nacional Electoral de Venezuela en alumbrar los resultados provisionales de los comicios. Y lo alumbrado fue como el parto de los montes: el 52 por ciento de los votos para la coalición opositora, traducidos en 59 escaños, y una mayoría simple en el número de diputados (92) para el Partido Socialista Unido de Venezuela, que agrupa las huestes del chavismo, cosechadoras de sólo el 48 por ciento de los sufragios.

Sí. No es un error en la trascripción de los resultados provisionales y sí el fruto de la arquitectura electoral del régimen bolivariano, que prima la representatividad de los medios rurales sobre la de las circunscripciones urbanas, tal y conforme la manipulación del sistema que llevó a todos los partidos adversos al presidente Chávez, en las anteriores elecciones parlamentarias, a no presentarse a ellas para hacer patente su denuncia de tan grave desafuero contra la democracia y el principio de las mayorías como titulares del poder. Aquel gesto fue sonado, pero más sonada fue todavía la ventaja que cobró la conspiración socialista del teniente coronel contra las libertades de los venezolanos. Como bien dijo Talleyrand, “quien no está, se equivoca”.

El error, la equivocación aquella de los resistentes al chavismo, fue tan grande que recuperar la desventaja de la oposición será casi obra de titanes. Pero bueno, es lo cierto también que aunque sea posición minoritaria la conseguida en el Parlamento venezolano, los opuestos a la cosa bolivariana se constituyen en minoría de bloqueo, que impedirá al Gobierno cambiar leyes orgánicas con las que vaciar la Constitución de contenidos liberales, al tiempo que le privará, por ser sólo simple su mayoría en el Parlamento, de seguir gobernando a golpe de decreto.

Como consecuencia de estos resultados electorales, aunque estén tan tocados de presunción de fraude, por haber podido documentar las fuerzas opuestas al chavismo numerosas irregularidades en mesas donde no pudieron tener representante, las perspectivas que se le ofrecen a Hugo Chávez en las elecciones presidenciales de dentro de dos años son perspectivas muy distintas de aquellas otras que acariciaba en el caso de que en estas urnas de ahora hubiera conseguido la mayoría de dos tercios precisa para cambiar a su antojo aquellas leyes orgánicas que obstaran a la construcción cabal de su sueño de un socialismo totalitario conforme los moldes del régimen castrista de Cuba. Un sueño articulado sobre la ventaja que le supondría a él tener el petróleo que nunca tuvo el revolucionario de Sierra Maestra, junto al cual el dictador Fulgencio Batista podría catalogarlo la Historia como paladín de las libertades.

No es un camino de rosas el que separan al caudillo bolivariano de las urnas presidenciales de 2012. Junto al estrechamiento parlamentario que supone el nuevo escenario tras de estas elecciones, habrá de pesar la carga del fracaso económico, con la estanflación galopante (inflación del 30 por ciento y retroceso del PIB en caída libre) y la tremenda pulverización de la seguridad ciudadana sobre la cabeza de los más pobres.