Las urnas venezolanas, en pos del cambio

La presión de las masas, volcadas y manipuladas sobre los colegios electorales en turnos de vigilia para bloquear el acceso a las urnas de los votantes no adictos al sistema – discernibles por no portar ningún distintivo rojo -, y la manipulación previa de los criterios de valoración de la representatividad nacional de los sufragios conforme las zonas del país, rurales o urbanas, además de las prácticas de silenciamiento de los medios informativos no oficialistas, han creado unas condiciones de práctica inviabilidad de resultados capaces a corto plazo de variar el rumbo político de Venezuela, o siquiera frenar en medida sensible la progresión desbocada hacia un cambio de sistema político. Hacia un régimen dictatorial orientado con el modelo cubano como paradigma.

Dispuestas de tal manera las cosas era muy difícil, por no decir absolutamente imposible, que las urnas, como en cualquier democracia normal, se tradujeran en derrota suficiente del poder establecido ante resultantes económicas y sociales tan catastróficas. Con una inflación del 30 por ciento, el PIB involucionando a crecimientos negativos y unos índices de criminalidad que doblan los de Colombia y multiplican por nueve los que México padece; índices de inseguridad que, además, se ceban en las clases más humildes y en la población más joven de éstas. Lo lógico sería que el chavismo hubiera sido sacudido severamente en las urnas de ayer.

Sin embargo, sea cual sea el resultado que deparen estas elecciones, el Gobierno de Hugo Chávez perderá escaños, adelgazándose la mayoría parlamentaria, del 90 por ciento, que obtuvo en los comicios anteriores, al abstenerse de participar entonces todos los partidos de la oposición. En protesta, además de por la pérdida de otras garantías democráticas, por el establecimiento del sistema electrónico para el escrutinio de los votos.

La incógnita que pendía ayer sobre qué resultados arrojaría la consulta se centraba, fundamentalmente, en calibrar en qué medida condicionarían éstos, prefigurándolos de alguna forma, los que arrojaran las elecciones presidenciales que se celebrarán en 20l2. Dicho de otra manera, saber cuánto ha retrocedido el chavismo en este turno electoral, en el que todas las fuerzas de oposición no sólo han consensuado el acudir a las urnas, reconociendo el gravísimo error que supuso la abstención, sino que, además, han acordado hacerlo como un frente único.

La Mesa de Unidad Democrática, que es el nombre de esta liga electoral, remeda en cierta manera y se orienta por la propia fórmula mediante la cual todos los partidos chilenos de la oposición al general Pinochet, se coaligaron en su día bajo un mismo y único enunciado electoral, y acabaron de aquella manera con la dictadura en el país andino. Pero el Chile de Pinochet, pese a su origen en un contragolpe militar ante a la desviación de la legalidad por el Gobierno allendista de la Unidad Popular, preservó o repuso elementos bastantes de Estado de Derecho que permitieron apartar del poder al General.

Otros son los mimbres que tiene en sus manos la muy plural oposición al régimen bolivariano.  La trampa y el fraude a las libertades, la independencia judicial y la seguridad jurídica lo tienen enfrente. Como barrera contra el regreso a la democracia.