Equivalente venezolano del Tamayo cubano

Posiblemente para que quedara más claro de lo que en principio está, la equivalencia del derecho de propiedad con el derecho a la libertad, Franklin Brito, al que en 2005 el Instituto Nacional de la Tierra (INTI), creación de la dictadura chavista, expropió las 250 hectáreas de su finca agropecuaria situada en Iguaraya, situada en el Estado venezolano de Bolivar, entró en sucesivos ayunos. Al ser desatendidas sus protestas por la confiscación, inició una serie de huelgas de hambre, en la última de las cuales se ha extinguido su vida. Antes había sido llevado a la fuerza hasta un hospital público, donde ha expirado carente de atención médica. 

Humberto Márquez, un colega de allí, estableció tiempo atrás el paralelismo entre el caso de Brito, ayunando entonces en defensa del derecho de propiedad, como antes lo había hecho con su huelga de hambre el cubano Orlando Zapata, en defensa de los derechos humanos y de la libertad de los que le había privado, con otros compañeros de causa, por disentir políticamente del régimen castrista. La certera observación de Márquez se ha resuelto, con la muerte de Brito, en algo más que acertado pronóstico, convirtiéndose en profecía por el fondo de significados de lo que había advertido.

El “socialismo del siglo XXI”, que avanza al compás que retrocede la democracia en la Venezuela de Hugo Chávez, ha venido a tropezar en la muerte de este expropiado con un escollo que puede ser de magnitud mayor aun de cuanto supuso para el régimen de los hermanos Castro la muerte por ayuno voluntario de Orlando Zapata, un albañil al que éstos pretendieron descalificar tras su muerte, calificándole de delincuente común.

Por muy deteriorada que esté la libertad de expresión en Venezuela, con la presión de la censura y la persecución de editores opuestos a la deriva totalitaria del país, este caso va ha tener de inmediato un efecto ruinoso para el Gobierno, puesto que a fines de este mes, dentro de 25 días, se celebran elecciones parlamentarias. A los escándalos de las miles de toneladas de alimentos y medicamentos podridos en los circuitos del estatizado mercado de la alimentación, se sumaba en fechas recientes el de la desbocada violencia que sufre el país, al superar en términos absolutos varias veces la que padece México por causa del narcotráfico.

Sólo le faltaba al sistema “bolivariano”lo sucedido con la muerte en huelga de hambre del expropiado Franklin Brito. Tendrá ello un coste de imagen inconmensurable, además de su correspondiente e inmediata traducción electoral. Trasciende al suceso no sólo la brutalidad del procedimiento seguido, confinando a quien protestaba – seguro que con toda la razón del mundo, por lo que el entendía que era un atraco del Gobierno – y sobre todo por la incapacidad del nivel dirigente del régimen para entender en su momento qué podría suponer la auto-inmolación por ayuno en defensa del derecho de propiedad que el socialismo gobernante combate, en medida paralela a lo que ha supuesto en Cuba idéntica muerte, la de Orlando Zapata, en defensa de la libertad y de los derechos humanos.

En ambos casos, son dos sistemas políticos en convergencia, el de la muy decana dictadura comunista de Cuba y el de la emergente dictadura socialista de Venezuela, los que quedan en evidencia ante el mundo, importándole menos al primero que el segundo, al certificar tan dramáticamente su condición totalitaria.

Nada ha podido testimoniar con más énfasis en la Venezuela de Hugo Chávez Frías lo que es alejarse del Estado de Derecho. Esperemos ahora a ver qué dicen las urnas del próximo día 26, pese a los fraudes sistémicos con que el chavismo saquea los comicios. Un sistema alentado ahora por el ejmplo de su aliado asiático en Asia, el persa Ahmadineyad.