Populismo contra periodismo en Argentina como Venezuela

Ya pasa en Argentina contra la libertad de expresión lo mismo que ocurre en Venezuela. Las prácticas son diferentes pero el propósito es idéntico: desembarazar al poder, al Gobierno de los Kirchner como al régimen de Hugo Chávez, del contrapoder que ejercen los medios informativos, sean escritos o audiovisuales. Los populismos, como crisálidas de dictaduras, definen antes que después su incompatibilidad con la libertad de expresión, que es el principio sustentador de toda democracia para las libertades.

A poco más de un año para las elecciones presidenciales argentinas, el deterioro político del matrimonio instalado en la Casa Rosada, parece dispuesto a preparar las pertinentes condiciones de fondo para perpetuar su doblado y pasmoso régimen de gananciales, en lo político y en lo patrimonial. A tales efectos, los Kirchner la han emprendido contra el grupo Clarín; de una parte, cortándole Internet a la empresa Fibertel, perteneciente al propio grupo, por supuestas infracciones legales en el desempeño de su actividad, y de otra, anunciando la preparación de un informe, sobre la base de fotomontajes documentales, que pretende vincular a los propietarios de Clarín y La Nación con la dictadura militar, que aplastó a los revolucionarios y a sus contornos civiles.

La mala relación entre los de Clarín y el actual Gobierno argentino arranca de la guerra de opinión habida hace dos años cuando el poder quiso imponer un gravamen fiscal puramente confiscatorio a los singulares beneficios obtenidos por los agricultores como resultado de una cosecha excepcional. Aquello desembocó en un largo enfrentamiento con el campo, que llegó a la huelga y paralización de las exportaciones agrícolas en una coyuntura de precios óptimos en los mercados internacionales. El grupo Clarín se alineó con los agricultores, enfrentándose al Gobierno, que perdió la batalla en el Parlamento.

Otras elecciones que las presidenciales argentinas del año que viene, las parlamentarias que se celebran en Venezuela a fines del próximo septiembre, han movilizado nuevamente al Gobierno de Chávez contra los medios de comunicación. Ya no es sólo el abierto asunto de la  crítica televisora  Globovisión, cuyos propietarios se han refugiado en Estados Unidos, sino el añadido tema de las cabeceras de Prensa empapeladas por la publicación de fotografías hechas en uno de los depósitos de cadáveres de Caracas, en las que éstos aparecen amontonados mientras se practican las diligencias forenses. Un total de 16.000 asesinatos en el curso del año pasado ilustra sobre la magnitud del deterioro de la seguridad ciudadana en que se encuentra sumido el país, desde el primer año en Hugo Chávez en la presidencia. En una década el número de los homicidios ha llegado a los 123.091. Uno cada nueve minutos y un promedio de 100 por cada fin de semana.

Exponente como ningún otro del fracaso del chavismo, el Gobierno ha forzado judicialmente la prohibición de informaciones como la referida. Una veda que durará 30 días. Justo el tiempo que cubre la campaña electoral hasta las urnas del día 26. Está muy claro el cúmulo de razones por los que los populismos todos entran a saco contra la libertad de expresión, tan consustancial con la democracia como la propia libertad de voto, porque sin información libre y contrastada el voto se queda ciego.