Las encuestas hacen correr a Obama

Dos semanas antes de la fecha prevista para cumplir la retirada de Iraq de las fuerzas norteamericanas de combate, cruzaban las últimas de éstas ayer la línea fronteriza de  Kuwait, justo sobre un espacio de yacimientos petrolíferos cuya reivindicación por Sadam Hussein llevó finalmente a éste en 1990 a invadir el emirato, lo que determinó su primer choque bélico con  Estados Unidos con la guerra llamada “Tormenta del Desierto”.  Posiblemente porque será cierto eso de que la Historia circula siempre por los mismos lugares, ha sido por allí, por Kuwait, lugar por donde dio comienzo en marzo de 2003 la segunda guerra estadounidense contra los iraquíes, el sitio elegido para solemnizar el fin de esta última contienda…

La solemnización del repliegue de las últimas unidades de combate, puesto que los 56.000 soldados que permanecen quedan asignados a tareas diversas, entre las que destacan las de instrucción de soldados y policía, el bombo aplicado a la maniobra y el anticipo de dos semanas con el que ésta se ha realizado, parece encontrar su sentido más en una lectura de la política interna norteamericana a corto plazo que no en la trascendencia militar de militar de lo sucedido.

Se está en la presentación de un resultado que se anticipa, de una promesa que se cumple. Y se hace así cuando la última encuesta realizada en Estados Unidos sobre la popularidad del presidente Obama, arroja un resultado desalentador en la medida que asciende a un 51 por ciento de los encuestados aquellos que entienden que la gestión presidencial ha sido mala. Y aunque se haya atribuido este “suspenso” a las declaraciones presidenciales no desfavorables a la construcción de una mezquita en el ámbito neoyorquino de la llamada Zona Cero, donde estuvieron las Torres Gemelas, las imágenes de ayer de los soldados cruzando aquellos parajes de lagartos y escorpiones, contribuirán a buen seguro a mejorar la imagen presidencial.

Se trata de una promesa cumplida que compensa de los parcos resultados habidos en el campo económico y de las polémicas generadas por iniciativas como la reforma del sistema sanitario, que chirrían en la sensibilidad tan acusadamente hostil a las reglamentaciones de las mayorías norteamericanas.

Prueba lo mucho que ha primado la urgencia con que se remata el repliegue de dichas fuerzas es el hecho de que se haya transferido a las tropas que restan en Iraq la misión de combatir que tenía asignada la Cuarta División trasladada al emirato de  Kuwait. Toda la múltiple insurgencia que subsiste condiciona de muy diversas maneras el programa de retirada militar total planteado por el presidente Obama. Lo cual lleva a pensar, como muy probable, una reformulación de ese proyecto de fin de tal presencia en aquel espacio dominado por el Eufrates y el Tigris.

El mando militar iraquí ya ha planteado la reconversión de la base jurídica y política para la continuación a largo plazo de esa presencia de la fuerza norteamericana en el país. Lo propuesto por el teniente general Babakir Zebari, jefe del incipientemente reconstruido Ejército de Iraq, es la fórmula de un acuerdo bilateral como los que rigen las relaciones militares directas de EEUU con Turquía y varios de los Estados del Golfo Pérsico. El problema de Irán parece llevar viento a esa propuesta del jefe militar iraquí.