Procesos paralelos entre las FARC y ETA

El mensaje de ‘Alfonso Cano’, quien relevó al eliminado ‘Raúl Reyes‘ en la dirección de las Farc, ofreciendo “conversar” a Fernando Santos el presidente electo de Colombia y ministro de Defensa en la presidencia de Álvaro Uribe –que el próximo día 7 cumple su mandato-, es un mensaje de idéntica naturaleza a los sucesivamente lanzados por el terrorismo etarra a lo largo de su sangrienta historia. Algo de la misma naturaleza que la muleta en los toros. Señuelo con el que encelar a los gobernantes de los pueblos que padecen el terrorismo –concretamente a los que oscilan entre la incompetencia y la demagogia– ante la supuesta ventaja de la “solución política” frente a las campañas represivas, policiales o militares; de forma especial en los momentos en que este tipo de actuación represiva del terrorismo ha conseguido llevarle a condiciones críticas. Como es ahora el caso del narcoterrorismo colombiano, embolsado en Venezuela en un octavo aproximado de sus efectivos.

No es de prever, por tanto, que el presidente Santos haga caso alguno a la oferta de ese ‘Cano’ (especialmente después de la emboscada en Caquetá, en la que han muerto cuatro policías y un soldado), cuyo objetivo en este caso sería menos abrir una alternativa a la reducción militar de las FARC a que ha llevado la política de Álvaro Uribe, que echar un capote al atolladero político en que se encuentra el presidente de Venezuela, tras de la documentada  denuncia colombiana, ante la OEA,  del millar de narcobandidos que el régimen chavista tiene asilados en su territorio nacional, repartidos a lo ancho de un total de 87 campamentos. De lo único que cabe hablar es del previo abandono de las armas por parte de la narcoguerrilla conforme los términos expuestos por el vicepresidente electo, Angelino Garzón, es decir, liberación de los secuestrados, recogida de las minas antipersona, fin de la captura y recluta de niños …

Lo que mientras tanto sigue en pie es la denuncia internacional colombiana de la instalación en Venezuela de una parte significativa de las Farc. Tal acto de autodefensa política por parte de Colombia, que no descarta extender ante la propia Corte Penal Internacional, ha sido calificado de “agresión” por el personaje que tiene su residencia  en el palacio caraqueño de Miraflores. Chávez, agotando la lógica inversa de su discurso, anuncia el despliegue de fuerzas militares propias a lo ancho de los 2.200 kilómetros de su frontera con Colombia. Franja geográfica cuya mitad ocupan espacios de selva impenetrables.

Pero a estas alturas de la profusa crónica bolivariana, acaso lo más notorio de todo en lo que toca al terrorismo narcotropical de las FARC, sean los paralelismos detectables  entre el alojamiento dispensado por Hugo Chávez a ese terrorismo y el asilo que se concedió a ETA, durante la etapa más sanguinaria de ésta, por parte de la Francia del presidente Giscard d’Estaing. Sórdido personaje que blasonó de humanitarismo como tapadera de su despecho por haber sido naturalmente rechazada su aleve pretensión de tutelar el despegue del cambio político español a la muerte de Franco. Con el presidente Francois Mitterrand, que le sucedió en el Elíseo, la panorámico cambió con un trueque de valores.

Tras el reconocimiento de que los terroristas no pueden ser beneficiarios del derecho de asilo, el código del deshonor fue permutado por el Código de Comercio. Tantos contratos sobre tecnologías industriales o sobre suministros militares por tantos grados de presión policial contra el entramado etarra. Así siguieron las cosas, con el ‘facio ut facias’, hasta la actual presidencia del presidente Nicolás Sarkozy, que ha equiparado plenamente el honor debido y la solidaridad necesaria en la lucha antiterrorista.

El honor y la seguridad de Colombia –que propició Uribe y continuará el presidente Santos– prevalecen en términos nacionales, respecto la Venezuela chavista,  sobre el porte de los intercambios comerciales anuales con ésta, de unos 6.000 millones de euros. Por eso se ha dado el paso de llevar ante la OEA la denuncia de la actual situación; aun al precio de que Hugo Chávez eleve el techo de su verborrea hasta la ruptura de relaciones diplomáticas. Y digo “verborrea” porque resulta inverosímil lo de pasar a las manos, militarmente, porque está en una relación de uno a tres respecto de Colombia.

Las Farc se desploman en Colombia como se está desplomando ETA en España, cuando la fuerza legitimadle Estado reemplaza a la debilidad política. Y, sobre todo, si se acaba de una vez la complicidad fronteriza de los vecinos con el terrorismo.