Vuelve la autocracia rusa donde solía

Como no podía ser de otra manera, ya está montada la bronca política en Rusia por la resurrección de las capacidades que tuvo la KGB en tiempos de la Unión Soviética. La Cámara Alta ha dado el visto bueno a la nueva/vieja ley que entregará al Gobierno del Estado las atribuciones bastantes para hacer un planchado exhaustivo de los derechos humanos y de todo cuanto pudiera oler al “habeas corpus”. Esa reliquia, según los putinianos, de la decadente civilización liberal de los occidentales.

La restitución a los actuales servicios secretos rusos, el FSB, de las omnimodas competencias que durante tantos años tuvo el KGB, ha supuesto algo más que una singular carga de adrenalina para los defensores de los derechos humanos, para la oposición política en general y para los comunistas en particular; pero de manera muy especial, donde más habrá percutido, lógicamente. es en el amplio y difuso reducto de los islamistas, tanto en el propio Cáucaso, donde se sitúa su más específico ecosistema, como en los grandes centros urbanos de la propia Rusia, comenzando por Moscú, y de las comunidades nacionales integradas en la Federación. O sea, los teatros de sus operaciones.

Las “conversaciones preventivas” constituyen la estrella de los recursos que el nuevo sistema de seguridad pone en manos de los servicios de represión y “previsión” – que este es el quid – de las actuaciones terroristas. No es necesario que concurran evidencias o lo que convencionalmente se entiende por indicios para que los policialmente concernidos, sin llegar a la condición de sospechosos, puedan ser invitados a mantener “conversaciones preventivas”: terapias destinadas a evitar la comisión de delitos contra la seguridad del Estado. De tal modo, al concepto judicial de imputación se le adosa otro, previo, de magreo dialéctico por parte de los nada angélicos custodios de la paz social y la seguridad política. Propios, de otro punto, de la Rusia acosada por el islamismo; contra el que los soviéticos dijeron luchar durante su guerra de nueve años en Afganistán.

Tanta deferencia cognitiva por parte de los pertinentes funcionarios no puede, según los legisladores de “Rusia Unida”, el partido gobernante, ser objeto de rechazo. Tal desconsideración tendrá su pertinente castigo, que irá desde una multa de 1.500 dólares al arresto de 15 días. Aunque la doctrina oficial no reconoce lo que las cosas significan a este respecto, habría quizá de hablar de un sistema mixto. De una parte para captura de los detectables como terroristas; y por otra, de depuración, a los rayos ultravioleta, tal como se practica la limpieza de los moluscos bivalvos, como ostras y mejillones, antes de que lleguen a las lonjas para su libre circulación por el mercado …

Pero suenan tanto las alarmas por las especificaciones técnicas y las bases tecnológicas de tal sistema de seguridad, como por las justificaciones y explicaciones manejadas por el presidente ruso Dimitri Menvédev. Al ser preguntado éste, en una conferencia de Prensa compartida con Angela Merkel, la Canciller de Alemania, tras de la conferencia mantenida entre ambos en Yekaterimburgo, dijo que tal sistema de criba político-policial “sólo” forma parte de “la legislación interna y no de una ley internacional”; añadiendo que “todo país tiene derecho a desarrollar su propia legislación, incluyendo lo relativo a sus servicios secretos”. Sólo le faltó añadir, conforme la doctrina cubana de los Castro, que entrar en esas cuestiones son injerencias en los asuntos internos de Rusia.