Mucho huele a podrido en el Castro-Chavismo

La monstruosa caricatura de la ineficiencia gestora del modelo soviético construida por su versión bolivariana, y bautizada por el inefable Hugo Chávez como “socialismo del siglo XXI”, se ha manifestado en el brutal fracaso de la estatización del sector alimentario en Venezuela. Miles de contenedores de alimentos, equivalentes a unas 120.000 toneladas de ellos, se han perdido y podrido en los puertos venezolanos, quemándose después o siendo enterrados, o desviados a Haití -donde fueron rechazados-, o mandados a Cuba antes de que se pudrieran también. Se ha sabido ahora que eso ocurrió entre principios del año pasado y finales del precedente. Pero se ignora todavía cual ha sido el montante final de esa coyunda entre la incompetencia, la corrupción y el despilfarro.

Todo ello se ha producido en paralelo a otras muestras de lo mismo en los más de los sectores donde la evolución del sistema de vida venezolano, registra similares logros inversos en el sector clave de la industria petrolera, donde ya se está dejando sentir el desplazamiento de las grandes corporaciones internacionales y la retirada de capital aplicado a esta actividad, en una caída de la extracción de crudo. Pero no es el porte de estos fracasos lo que está llevando al acoso del régimen a los medios de comunicación, por difundirlos, puesto que este otro giro fundamental contra las libertades políticas, donde cuenta tanto lo que afecta a la libertad de expresión, es quizá el proceso que da medida más cumplida de la deriva totalitaria del tinglado chavista en Venezuela.

Es posiblemente el efecto coral de la alianza política sindicada, de la propia Caracas con los Gobiernos de Quito, La Paz, Managua …, de la Alianza Bolivariana para las Américas, lo que viene operando como pantalla amortiguadora e interceptora de la percepción exterior de cuanto ocurre en el rancho venezolano, puesto que allí todo disparate económico tiene asiento (siempre para lucro de la llamada “boliburguesía” por el paisanaje local), mientras que el rigor de la deriva totalitaria hacia la conversión del sistema en un clon del castro-comunismo, se despliega con la lógica eficiencia inherente al disciplinado despliegue, en las áreas críticas del sistema, de la labor de 60.000 agentes cubanos dirigidos desde La Habana.

Cuanto peor huele el fracaso del chavismo en su metrópoli, más se activan las instrumentaciones de todo aquello que tiene hilo con la retórica del izquierdismo de maracas y boleros. Así el relanzamiento del depuesto presidente/terrateniente cómplice político del golpista golpeado de Caracas. Ni las elecciones que se celebraron el pasado otoño en Honduras, ni la proclamación internacionalmente validada entonces de otro presidente, han bastado para que Honduras vuelva a la OEA ni para que el depuesto Zelaya desista de su reivindicación. De ahí que al cumplirse un año de su derrocamiento institucional, por el Congreso y el Tribunal Supremo asistidos por las FFAA, haya venido a cargar contra Estados Unidos responsabilizándolos de lo sucedido.

Debe estar incluido en el pacto de la pensión en Santo Domingo que el caudillo bolivariano, su jefe político de ocasión, le paga desde Caracas. Al fin y al cabo, fue por el enrolamiento en sus filas por lo que Zelaya quiso imitarle y cambiar la Constitución para seguir en el poder unas cuantas legislaturas más, igual que el boliviano Morales, el ecuatoriano Correa y el nicaragüense Ortega. Y lo quiso hacer pese a que la Constitución hondureña lo prohibiera expresamente. Por eso la pretendió cambiar y lo cambiaron a él. En Tegucigalpa había comenzado también a oler a podrido, como desde entonces huele en la OEA, con Insulza reelegido secretario general por la “longa manus” de Chávez.