Tensión crítica en Irán y su marco internacional

Es la segunda vez que pasa. Y por la magnitud del tema, en la segunda vez como en la primera, apenas cabe la casualidad. Ahora como entonces, el régimen iraní se había embarcado en un compromiso mayor de imagen ante la escena internacional. En ambas ocasiones hubo marcha atrás. Fue en la primera ronda del envaine aquello de que los iraníes se comprometían a una permuta de uranio pobremente enriquecido -conforme las tasas de concentración en que actualmente se encuentran supuestamente instalados- a cambio de una posterior entrega de ese producto con riqueza del orden del 20 por ciento. Rusia y Francia, según lo que se convino en las negociaciones de Ginebra, serían los receptores y transformadores del material radiactivo. Sería éste destinado a uso clínico y hospitalario en Irán.

Así se había convenido en las negociaciones de Ginebra, para salir del atolladero en que se encontraba el problema atómico iraní, con sus encalladas relaciones con la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).Pareció que con ello se desactivaba la crisis de relaciones entre Teherán y el mundo. Pero cantó la gallina. Los persas se desdijeron y la bronca siguió por sus cauces de siempre.

Esta primavera brotó nuevamente el espejismo con los ayatolás tras de la intervención a la limón del turco Recip Erdogan y del brasileño Lula da Silva, y nuevamente el carro volvió a atascarse en el bancal. Aunque esta vez no por desistimiento de Teherán, sino por la forma con que el Departamento de Estado salió al paso de la pirueta conjunta del turco islamista y el brasileño emergente y aspirante a la condición de interlocutor político de paso global. Hilary Clinton acusó a Lula de regalarle tiempo a Irán para hacerse con el arma atómica.

Ahora acaba de producirse el segundo envaine de espada. Aunque en esta ocasión sí se haya explicado, lo expuesto como excusa ha sido desmentido desde Egipto. Me refiero a la supuesta razón de que el buque que se armaba por la Media Luna Roja de Irán, en corso de solidaridad internacional con la causa humanitaria de Gaza, nunca zarpará del puerto de Bandar Abas donde se encontraba, porque las autoridades egipcias del Canal de Suez les habían negado el paso a través del Canal de Suez. Desde El Cairo se ha replicado que eso es rigurosamente falso, puesto que no se ha recibido petición de paso alguna por parte del Gobierno iraní.

En este caso no es que haya habido ausencia de explicación a una contramaniobra frente a un compromiso internacional asumido. Simplemente se esgrime una falsedad. Pero ¿cuál ha sido la causa una vez y otra de estos desdecimientos de Teherán? La explicación que parece más plausible es la de que en el régimen iraní está operando un doble plano de decisión política, quizá el del Gobierno propiamente dicho y el que recoge o expresa el poder de los “Guardianes de la Revolución” (las SS del disfrazado totalitarismo iraní); poder del que procede el propio Mahmud Ahmadineyad, presidente del país, revalidado por el Líder Supremo de la Revolución, Alí Jamenei, al decretar el pucherazo que convalidaba su segundo mandato y que desató las iras de unos y la descalificación de los ayatolás liberales o simplemente atenidos a las reglas del juego democrático. Se añaden a última hora posibles explicaciones, aparte la de transferir los iraníes al frente libanés de Hezbolá – con el montaje de otra expedición – su propia compromiso directo en la campaña de Gaza. Y junto a esto, las siempre recrecidas y recrecibles especulaciones de un ataque preventivo de Israel a la República Islámica.

Puede que todo haya sido por el desajuste interno dentro del régimen iraní, quizá de dimensiones críticas; o puede resultar de la situación extrema en que Irán queda situado tras de la última Resolución sancionadora del Consejo de Seguridad de la ONU. Un marco nada manejable para, a propósito de Gaza, desafiar a Israel con otro espectáculo de humanitarismo antijudío. Justo cuando el Gobierno de Netanyahu ha levantado el embargo para todo tipo de suministros a Gaza que no incluyan materiales de uso militar.

Puede haber sido por una cosa, puede haber sido por otra, o por todas a la vez. En cualquier caso, habría mucho tomate interno en la ayatolacracia de Irán. Una tensión interna del régimen iraní capaz de estarse acercando a límites críticos en la carrera hacia la bomba atómica. Hay quien opina que podría tenerla en su poder el 2012. Pero además de las presiones sospechables en su interior, Irán está sometido también a límites críticos desde fuera, derivados del cerco de la ONU. Atentos, pues, a la pantalla.