Más fácil abrir la mano que cerrar el puño

Lo han visto claro y actúan en consecuencia. Ante el aluvión de “flotillas de paz” que se les venía encima, han cortado por lo sano. Un nuevo paso en el desmontaje del embargo a la población de Gaza, penalizándola por haber elegido en las urnas a Hamás. Mejor aun que lo precedente de cambiar las listas de productos afectados por la prohibición, pasando de la relación de los permitidos a la de los prohibidos -con lo que se acababa mucho antes-, el salto a prohibir solamente aquellos materiales susceptibles de ser empleados o aplicados a fines bélicos.

Con este último movimiento, aparte de acabar más rápidamente aun, se le da una larga cambiada al montaje de nuevas remesas navales en régimen de desafío al estatus de oclusión marítima – además de la existente por tierra (echa la excepción de la tolerancia de las autoridades egipcias), sostenida por Israel sobre la ciudad de Gaza después de la guerra que se libró entre últimos de diciembre de 2008 y el mes de enero de 2009. Choque con el que se vino abajo el proceso de negociación que los palestinos mayoritarios, lo representados por la OLP, mantenían con Israel para la creación de la entidad estatal que reemplazara por elevación a la ANP (Autoridad Nacional Palestina), presidida por Mahmud Abbás, que en la actualidad tiene acceso más abierto a la Casa Blanca que el propio Benjamín Netanyahu, primer ministro del Gobierno judío.

El embolado que el frente de acoso a Israel formado por la Turquía de Erdogán y el Irán de Ahmadineyad había preparado, con sendas flotas “humanitarias” enviadas desde las propias costas iraníes y desde puerto libanés, implicaba un salto cualitativo y de la mayor gravedad. Rentabilizaba hasta niveles críticos la torpeza técnica cometida con la ejecución del desmontaje armado del primer envío, con el asalto al “Mármara”, embarque promovido desde Turquía mediante un carguero de propiedad turca pero con pabellón de conveniencia.

Indudablemente es una estupidez perder la razón por un error técnico del mando militar en la necesaria intervención naval, que de no haberse realizado habría terminado por el desmoronamiento a corto plazo del sistema judío para la propia integridad soberana en sus aguas marítimas.

Muchos apostarían doble contra sencillo a que con Tzipit Levny en la presidencia del Gobierno israelí, ello no se habría producido. En ocasiones así, que tanto abundan en la relación de Israel con los árabes, siempre resulta mejor muñeca que mandíbula. Confundir firmeza con rigidez resulta muchas veces una variante peligrosa del disparate. Puede incluso resultar suicida.

Consideraciones de este porte, probablemente propiciadas por los buenos oficios de Tony Blair, el ex Premier británico, y presiones genéricas de la Casa Blanca, habrán estado en la base del nuevo paso practicado en la flexibilización del control judío de Gaza. Paso cuya oportunidad ha certificado el propio Ismail Haniya al señalar su virtualidad evasiva. ¡Pues claro que evasiva! El interés de Israel en las actuales circunstancias se orienta por el principio de economía del conflicto; es decir, justo lo contrario que en el caso de Hamás y de su emir Haniya, cuyo interés, como el de todos los islamistas, tanto los suníes como los chiíes, no es otro que el de bloquear las negociaciones de los otros palestinos con Israel. Pues, de una parte, al negociar, le reconocen; y de otra, la creación del Estado palestino, obsta al proyecto constituyente ( o reconstituyente) del Califato, en el que se afanan los Gobiernos islamistas de Turquía e Irán, enemigos históricos y aliados coyunturales contra Israel. Que es la proa de Occidente (entiéndase libertad y progreso) en el universo de la Media Luna.