Alarma sobre Río

No ha sido precisamente un pan de azúcar el mensaje que ha enviado Washington a la Cumbre de Río sobre la Alianza de Civilizaciones, al acusar a Brasil – e implícitamente a Turquía – de complicidad objetiva con Irán, por permitirle ganar un tiempo, haciéndoselo perder a los demás, en la carrera contra reloj que los ayatolás mantienen, presumiblemente, para llegar a tiempo a la disponibilidad de la bomba atómica. Pues ocurre que el tiempo se mide a estos efectos en términos de paciencia política y de cautelas militares.

Lo que a Brasil ha llegado es una alarma que, inexplicablemente, no había sonado antes, acaso porque a Obama le fallen los analistas de guardia. Si estos fallos nunca se produjeran no se habría columpiado la Casa Blanca con beneplácitos para la ocurrencia de Rodríguez Zapatero de la Alianza de Civilizaciones, que en estos concretos momentos, a raíz del mensaje del departamento de Estado, comparece como contratipo de la propia Alianza Atlántica.

Y a propósito de ZP, que casi suspendió el viaje a Río al pie mismo del avión, ¿sería ello por la razón que se ha dicho, la negociacón de la reforma laboral, o porque su adorado Obama había caído en la cuenta de que le estaban tomando por un pardillo al endosar el buenismo multiculturalista a que responde la dichosa Alianza? En este caso, no sería descabellado pensar que la Casa Blanca hubiera avisado a última hora de lo muy inconveniente que resultaba el viaje del presidente del Consejo de Ministros para sentarse con Lula en la mesa de Río de Janeiro.

Tal eventualidad, antes que genéricamente posible, resulta manifiestamente probable. Puede ocurrir también, y motivos no le faltan a Obama, que le hayan hecho partícipe de la consideración en torno al dato de que un Lula a punto de jubilación presidencial, luego de los brillantes y sorprendentes logros de estadista en la política nacional de su gran país, tenga un reverdecimiento de sus juveniles ardores revolucionarios como líder izquierdista y sindicalista de barricada. Y como, al olmo viejo de Antonio Machado, con las lluvias de abril y el sol de mayo, algunas hojas verdes (o, más bien, rojas) le han salido.

Sea o no sea así, lo absolutamente cierto es que Lula parece haber virado de su anterior condición de contrapunto hemisférico al populismo aberrante de Hugo Chávez; es decir, a sintónico de éste en el aventurerismo transcontinental que engrana con el crispado integrismo nuclear de la República Islámica de Irán. Por haberse producido este viraje ha sido posible que Brasil junto con Turquía, apadrinado político de Washington, se prestaran a una operación que, según Hilary Clinton, permite a Irán “ganar tiempo” y hacer el “mundo más peligroso”.

Lo más cierto es que el “logro” con Ahmadineyad, el presidente iraní, del mandatario de Brasil y de Recip Erdogan, el primer ministro turco, es una reedición de lo sucedido el año pasado con Francia y Rusia para canjear 1.200 kilos de uranio poco enriquecido, al 3 por ciento, por 120 kilos del mismo material,  enriquecido el 20. De entonces hasta ahora, Irán sigue procesando uranio en la planta de Natanz, desconociéndose a qué nivel han llegado sus progresos.

El mensaje norteamericano vía Hilary Clinton a Lula da Silva se resume en muy pocas palabras:  con el tiempo no se juega. Especialmente cuando el tiempo se esgrime como arma de guerra, que es lo que pretende Irán, haciéndoselo perder a la comunidad internacional.