Jamaica, en el sumidero del narcotráfico

Llama la atención de manera muy especial cuanto sucede estos días en Jamaica, con los muertos por docenas a resultas de los choques de la policía y bandas armadas mezcladas con la población. Intentan impedir con todos los medios a su alcance, el apresamiento de un traficante de droga al por mayor – Christopher “Dus” Coke, el “Robin Hood jamaicano”-, en cuya extradición ha insistido el Gobierno estadounidense desde la previa y demorada conformidad del Gobierno de Kingston. Casi un año ha tardado en dar su consentimiento. Motivos tenía para la duda y la tardanza, como los hechos están demostrando.

El tal “Dus”  -se dice que traficante en armas además de cocaína- es un icono social de las gentes más humildes de la isla, destinatarias de los abundantes socorros que permiten al traficante los caudalosos ingresos de su actividad delictiva. Son éstos a su vez soporte de negocios formalmente “honorables”, tapaderas puras. A la manera de las mafias que el cine retrata en la épica de las delincuencias travestidas de heroísmos contra la ley.

El capítulo jamaicano es uno más de los muchos que componen la historia contemporánea de la delincuencia especializada en los tráficos ilícitos, con sustancias, armas y personas. Pero Jamaica, con los destellos de sus músicos y de sus atletas impares, aporta rasgos muy propios no sólo en lo político sino en lo cultural y lo

Sociológico, en medio de las graves perturbaciones generadas por el narcotráfico en el Nuevo Mundo.

Desde la memoria de los problemas que en el pasado plantearon las extradiciones a Estados Unidos de otros narcotraficantes, destaca la gravedad de estos sucesos jamaicanos. La instrumentada resistencia de la población al apresamiento del tal “Dus”, por parte de las bandas armadas, ha llevado a que el reelegido secretario general de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, ofreciera desde Washington todo el apoyo de la Organización al Gobierno de Jamaica. Según Insulza es preocupante la situación de Jamaica porque se produce en un momento crucial para la región. “El crimen -dijo-  está poniendo en peligro las instituciones de nuestros países…”

Según el ex ministro chileno de Asuntos Exteriores y renovado secretario general de la OEA, el narcotráfico y otros exponentes del crimen organizado comienzan a intervenir en política dentro de ciertos ámbitos del hemisferio iberoamericano, aunque no concretó en cuales de ellos. Proponen los narcos sus propios candidatos y llegan al asesinato de quienes se les oponen. Con estos y otros datos, el narcotráfico adquiere, como problema regional, relieve que nunca tuvo hasta ahora, exceptuado el caso de México, quizá por su condición de antesala del gran mercado norteamericano de la droga.

Pero ya que Insulza aborda el narcoproblema, no esta de más señalar las condiciones políticas regionales que han posibilitado que las cosas llegaran hasta donde se encuentran ahora. Y entre tales condiciones hay una primordial, que es la resultante de la interacción entre el narcotráfico, la guerrilla colombiana. Tumor primordial de tales tráficos. Se financia con la cocaína y se asiste de los Gobiernos centroamericanos sintónicos con la red ideológica del castrismo embutido en la revolución bolivariana del venezolano Hugo Chávez. Y estrechamente ligado a todo ello, el aun abierto episodio de Honduras, cuyo espacio, en los tiempos del depuesto Zelaya, era muy utilizado para el transporte aéreo de la cocaína.

Aunque la condicionante política mayor para todo el fondo del narcotráfico, de la cocaína y de las bandas que lo alimenta, puede estar en las elecciones colombianas de este domingo. Las Farc acarician el sueño de que de las urnas brote la posibilidad de volver a negociar, como tantas veces ocurrió, hasta las presidencias de Uribe, con el Estados.