El punto “G” de la crisis coreana

La llegada a Seúl de Hillary Clinton, procedente de Pekín, ha llevado la aceptación estadounidense a la demanda surcoreana de que se abra un expediente adicional de sanción a Corea del Norte en el Consejo de Seguridad de la ONU. Y la propuesta de que Norteamérica y Corea del Sur actuarán conjuntamente para detener la beligerancia de la dictadura comunista del Norte, parece abrir nueva ventana temática en el desarrollo de la actual crisis. No es otra que la interrogante que se abre sobre el hecho de que China se limitara a deplorar y no llegara a condenar el hundimiento de la corbeta surcoreana en aguas del Mar Amarillo.

Sabedores todos de qué es el punto “G”, como lugar crítico para el logro de un deseado desenlace dentro de un plano de referencias más gratas que el del potencial principio de una guerra, todos podremos entender que tiene absoluta importancia conocer en qué tipo de coordenadas se encontraba la corbeta cuando los norcoreanos la hundieron.

Entre las graves deficiencias institucionales de orden estructural sobre las que estaban instaladas las ahora rotas relaciones de todo tipo entre los dos Estados coreanos, destaca sobremanera el hecho de que entre ambas partes, luego de la guerra con que comenzó la década de los años 50 del pasado siglo, no se firmara un Tratado de paz sino un mero Acuerdo de armisticio. Pendiendo de esa situación, y como consecuencia lógica de ella, nunca se llegó -acaso porque nunca se intentó- a la fijación de límites marítimos entre los dos Estados.

Esa indeterminación, como no podía ser de otro modo, se ha resuelto y desembocado en un estado de tensión permanente entre ambas Coreas. Así, la Marina surcoreana , en el caso de la corbeta “Cheoan”, ha podido pensar que surcaba el Mar Amarillo dentro de las aguas propias, mientras que su fraterna enemiga de más allá del Paralelo 38, en ese punto de encuentro entendía idénticamente lo mismo, es decir, que estaba dentro de sus propias aguas. Probablemente fuera eso aquello en que Kim II Yong insistió ante Hu Jintao; o sea, que el torpedo que partió la corbeta en dos era tan norcoreano -argumentaría- como las aguas desde las que ese hizo el disparo.

En ese punto “G”, el de la convergencia de las dos razones, o de las dos sinrazones, tanto da, ha podido apoyarse China para argumentar ante la secretaria norteamericana de Estado, que no podía condenar el torpedazo de su protegido Kim Song-II a la corbeta surcoreana. Y desde ahí mismo, mover ficha Hu Jintao en la cuestión del bajo nivel de cambio en que permanece el yuan, con el efecto de un potentísimo motor fuera borda que añade gran competitividad a la mucha que ya tienen las exportaciones chinas.

No ha dicho el presidente chino que vaya a revaluar mañana mismo esa moneda, de conformidad con lo que piden desde Washington. Pero sí que pasan a considerarlo, cosa que no habían hecho hasta el presente, para revaluar en su momento; haciéndolo de forma progresiva y conforme las circunstancias lo permitan. Y sin dejar nunca de considerar que lo harán conforme principios de independencia y soberanía.

Compatibilizar una cosa y la otra, el no condenar lo del torpedo y el abrirse a la pretensión monetaria, sólo se explicaría desde el acuerdo sobre el punto “G”. Que no es agua de borrajas.