China tira de enigma ante Corea del Norte

Lo mismo que si fuera ahora respecto de Corea del Norte lo que la entera península coreana fue para el Imperio del Sol Naciente hasta el fin de la IIGM, un protectorado de Japón, el régimen de Pekín ha flexionado diplomáticamente a favor de Pyongyang en medio de la grave crisis desatada por el hundimiento de una corbeta surcoreana, a últimos de marzo y en aguas del Mar Amarillo, con un disparo de torpedo realizado desde un submarino norcoreano.

La China de HU Jintao se ha desmarcado de la condena general de aquella agresión y se ha negado a condenarla, aunque si deplora la pérdida de 46 vidas de marinos surcoreanos y hace un llamamiento. Apoyan los chinos su postura en el no reconocimiento del peritaje internacional que dictaminó la autoría de Pyongyang.

Expresivo quizá de que Hilary Clinton se encontraba en la zona durante la presente afloración del nuevo conflicto entre las dos Coreas, es lo cierto que tanto Washington como Pekín han tenido una reacción ante el problema comúnmente reservada. Para la parte norteamericana el hundimiento de la corbeta surcoreana fue una agresión, pero no un acto de guerra, mientras que para los chinos los detalles de lo sucedido no están lo suficientemente claros, por lo cual deplora lo sucedido aunque no lo condena. Pero en cualquier caso se debe recordar que el dirigente norcoreano Kim Jong II viajó a Pekín en cuanto se supo el resultado de la investigación internacional sobre el hundimiento del navío surcoreano. Hubo, consecuentemente, una minuciosa preparación del tipo de respuesta o explicación habría que dar a la comunidad internacional.

Norteamericanos y chinos están interesados en ganar tiempo y en no perder el control de las palabras. No sólo tienen un interés común en resolver la crisis, sino que se encuentran también en la necesidad de preservar su compartida imagen de socios monetarios, ante la aun irresuelta crisis financiera. Dólar y Yuan tienen pastos comunes de preservar, más allá de las perturbaciones norcoreanas, que, desde el punto de vista estadounidense, tienen su origen en cuestiones internas de la dictadura de Kim Jong II, al querer éste reafirmar su poder a la salida de un accidente cerebral que tuvo en el verano de 2008.

A ese mismo cuadro de reafirmación de su autoridad – de la que según la misma interpretación precisa para consolidar su propia sucesión en su hijo Kim Jong-un – pertenecería, junto a la orden de destruir el navío surcoreano, la otra de mandar al paredón a un ex ministro de Agricultura por haber fracasado en su estrategia de aumentar la producción de alimentos.

En todo caso, es de observar cómo Pekín ha modificado respecto de Corea del Norte la posición que mantuvo en el Consejo de Seguridad de la ONU, votando en apoyo de la sanción internacional por causa de su última prueba nuclear en 2009. ¿Qué puede explicar este cambio chino? ¿No son dos evidencias la prueba nuclear aquella y la verificación internacional de que era de fabricación norcoreana el torpedo que hundió la corbeta surcoreana? No basta para explicar la disparidad entre el reconocimiento de una cosa y el no pasar por la otra el hecho de que entre los expertos que han inspeccionado los restos figure un australiano, cuyo Gobierno ha tenido sus más y sus menos con los chinos por haber violado éstos con un petrolero las reglamentaciones de tráfico marítimo que prohíben la navegación a determinada proximidad de las barreras coralinas, causando con esa infracción, al encallar y derramar crudo en el océano daños muy graves.

Hay más, sin embargo. Esperemos la certificación internacional sobre cual fue el punto exacto donde la corbeta estaba cuando fue echada a pique. ¿A quien pertenecían las aguas que se la tragaron? Quizá es en esto en donde se apoyan los chinos para no condenar el disparo norcoreano que hundió la corbeta. Quizá…