Casus Belli en Corea

Sobre el papel, el hundimiento hace dos meses con un torpedo de un navío de guerra surcoreano de 1.200 toneladas, se trata de un incidente muy grave. Acaso el más grave de cuantos han sucedido desde 1953, cuando fue firmado el Armisticio que cerraba la guerra de Corea. Que propiamente no era la paz entre las dos partes en que quedó dividida la península del mismo nombre al acabar la Segunda Guerra Mundial, tras de ser ocupada la parte norte de la península por la Unión Soviética. Stalin había declarado la guerra a Japón cuando el llamado Imperio del Sol Naciente estaba ya fuera de combate en su enfrentamiento con las otras potencias aliadas. La URSS le ocupó además a Japón las islas Kuriles, que todavía conserva Rusia en su poder. 

Alega ahora el Gobierno de Seúl, tras de los análisis realizados en los restos del navío, que el torpedo  que lo hundió era norcoreano, porque el explosivo resultaba idéntico al hallado hace siete años atrás en un torpedo de la Marina de Pyongyang.  Según Ban Ki Moon, el secretario general de Naciones Unidas, los datos puestos sobre la mesa son “profundamente problemáticos”. Valoración semánticamente equivalente a extremadamente graves. Para Lee Myung-bak, presidente de Corea del Sur -que ha dado cuenta detallada de las averiguaciones al presidente Obama, al Primer ministro Hatoyama y a sus homólogos de Rusia y China- se trata de una flagrante violación del Acuerdo de armisticio, habiendo obtenido del huésped de la Casa Blanca la promesa  de entera cooperación y ayuda. Asimismo, Lee Myung ha dado prácticamente por finalizada la participación de Corea del Sur en las conversaciones a cinco partes que se vienen celebrando entre las cinco referidas potencias con Corea del Norte para acordar el cambio de su ilegal estatuto de potencia nuclear por un programa de ayudas económicas que le permitan parangonarse un día con los llamados pequeños dragones asiáticos del Pacífico. 

Conviene ahora recordar, al hilo de la revelación de estos pormenores sobre el misterioso hundimiento de la fragata surcoreana, que en las vísperas de ello Kim Il Sung, el dictador norcoreano, viajaba a Pekín en su tren blindado para una agenda de entrevistas con Hu Jintao, oficiosamente centradas en la continuidad de las dichas conversaciones, pero a las que se añadía la particularidad de que China, único aliado de peso que Corea del Norte tiene en el mundo, se sumaba al consenso de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU para endurecer las sanciones a la dictadura comunista norcoreana. 

Sería muy probable, sin embargo, que en los encuentros de Pekín se abordara también el asunto del hundimiento de la fragata surcoreana, puesto que muchas de las averiguaciones hechas en el curso de la peritación internacional de los restos navales aflorados, se habían filtrado a los medios antes de que oficialmente se diera cuenta de todo lo averiguado por los investigadores. 

Resulta curioso, en fin, que tanto los pormenores del problema norcoreano como la evolución diplomática del asunto nuclear de Irán, evolucionan convergentemente hacia las respectivas sanciones preparadas por el Consejo de Seguridad de la ONU. El Eje del Mal irano-norcoreano es referencia aun vigente, aunque G.W.Bush ya no esté en la Casa Blanca y sí su supuesta antítesis.