La muñeca rusa bolivariana

El muy mediocre balance de la Cumbre Unión Eurpea-Latinomerica parece no haber tenido mayor aliciente añadido que las impertinencias a varias voces de la orquesta bolivariana. Luego de lo visto, oído y leído ayer de boca del sindicalista escardador de los cultivos bolivianos de coca, y de tomar nota del menosprecio al Tribunal Supremo por parte del matrimonio Kirchner por juzgar a Baltasar Garzón, tocaba la noticia del medio quite del presidente Rodríguez al Partido Popular, tras de la involucración de éste que Morales suscitó en el curso de una conferencia de Prensa, tomando como materiales para ello las referencias periodísticas manejadas por el entorno de Garzón en su cruzada apologética del suspendido. 

El presidente del Consejo, dicho en pocas palabras, ha puesto sus escasas fuerzas más en situarse tras la barrera que en los énfasis de sus asertos, que apenas cubrían lo mínimo para poderse calificar de esculpatorios. Quizá no pudo arrimarse más en defensa del PP porque el propio Morales, luego de decir que él no acusó al partido de los “populares”, echó mano de la sabida prestidigitación socialista en tesituras electorales, haciendo la cadena de traslaciones desde el franquismo al partido de la gaviota e incluso al yugo y las flechas bordadas sobre el azul mahón. 

Estas y otras incidencias obligan a considerar algunas cosas. No inquietarse, por ejemplo, ante la eventual inasistencia de ciertos de los invitados, pues mejor sería que no comparecieran mientras no se desprendieran de la mala educación, del pelo de la dehesa o de las plumas de la selva. Y también convendría reparar en el juego de la muñeca rusa, de la “matriuska” al que se aplican, con afán sistémico, los populistas pastoreados por el chavismo, desde la referencia de cabecera con sede en La Habana. Fidel Castro se viste de Hugo Chávez y éste, a su vez, lo hace de Evo Morales y así continua la carrera hasta el río de la Plata. 

El problema, sin embargo, radica en que los criterios electivos dependen de quienes sean los electores; o más propiamente, el elector. Es una cuestión de afinidades de alma, con perdón. El error en esta ocasión comenzó a propósito de la crisis institucional hondureña, con  la retirada de nuestro embajador en Tegucigalpa, siguió después con la demorada resolución de la crisis y acabó luego con el veto de los bolivarianos a la presencia en Madrid para esta alborotada y poco rentable Cumbre, de Porfirio Lobo, el presidente al que eligieron los hondureños en el contexto de unas elecciones presidenciales celebradas con todas las garantías democráticas. Pero la Caracas de Chávez, a lo que se ve, tiene que decirle todo en este asunto, y los hondureños han de callarse y no rechistar porque los jueces últimos de la democracia son los liberticidas de La Habana y sus epígonos de Caracas y La Paz. En régimen de clonación o como Matriuskas.