Presencias, ausencias e impertinencias en la cumbre Euroamericana

Mientras Miramamolin desde Rabat insiste en la diplomacia de merodeo sobre la identidad territorial y multigeográfica de España, destapando nuevamente su sopa jarira sobre Ceuta y Melilla, además de Perejil, Vélez de la Gomera y las Chafarinas, Alborán mientras guarda en el congelador otras islas y peñones, desde la alicantina Tabarca por razón de su nombre norteafricano a las castellonenses Columbretes …, la política exterior española -aunque también la interior- sufre otras desconsideraciones, esta vez trasatlánticas, de la mano de los impresentables de siempre. 

Son los gajes derivados de confundir la diplomacia y la defensa con los menesteres propios de las onegés, una por complicidad y la otra por confusión en los medios  y tibieza en los fines. Así resulta que para salvar la actual edición de la Cumbre Unión Europea-América Latina-Caribe, se aceptó la presión del sindicato bolivariano para que Porfirio Lobo, el presidente que eligieron los hondureños, no tuviera participación plenaria en el programa. Se fiaba  desde ello en que Hugo Chávez estaría presente en Madrid, dando por descontado que Raúl Castro se quedaría en Cuba, porque no está la dictadura para tafetanes. 

Ha ocurrido que Chávez no ha venido -cosa que, por otra parte, tiene sus ventajas escénicas -, aunque, sin embargo, ha delegado en su impresentable acólito boliviano el turno para la desinformación, la estolidez y la impertinencia. Lo mismo que el delegado venezolano del castrismo acusó en su día al segundo Gobierno de Aznar de participar en el golpe que le dieron el 2002, llevándole a la condición de golpista golpeado, este derribagobiernos democráticos con movilizaciones de indígenas en el Altiplano, acusa al Partido Popular de financiar “mediante una fundación” un intento de golpe de Estado que le quisieron dar a él. 

Lo burdo e insostenible de la acusación de Evo Morales ha venido a plantearse quizá como una instrucción de última hora llegada desde Caracas, como respuesta a los actos organizados por el Partido Popular en apoyo a los disidentes políticos cubanos… Pero, en todo caso, más importancia tiene que el dislate de un analfabeto funcional y protodictador en ejercicio, la injerencia por gananciales del matrimonio instalado en la Casa Rosada de Buenos Aires, a propósito del juez Garzón y el Tribunal Supremo. 

La responsabilidad política de que todo esto ocurra a propósito de la Cumbre en curso no es de nadie más que de José Luís Rodríguez Zapatero. Desde el primer momento suscribió la complicidad ideológica con el populismo iberoamericano. Inicialmente, dejando solas a las empresas españolas mientras el Gobierno de su íntimo “Ernesto” Kirchner se pasaba de cuerno a cuerno a nuestras multinacionales en Argentina, al remitirse a la función arbitral de componedor, posiblemente porque lo de nación, nacional y connacional es algo discutido y discutible, y el que las empresas españolas  paguen sus impuestos al Estado español lo tenga por dato irrelevante. 

Y antes que todo eso, frente a las graves responsabilidades de la dictadura militar, ignorando ZP y sus compadres ideológicos argentinos los crímenes de los grupos revolucionarios que obligaron al Gobierno democrático de Isabelita Perón, con el endoso del Parlamento nacional, a llamar a los militares para que dieran respuesta a la guerra civil que esos grupos habían comenzado. Destacando de entre ellos los peronistas de izquierdas entre los que figuraba Néstor Kirchner. 

¿De quién fue la responsabilidad, entonces, de que la democracia argentina sacara a los militares de los cuarteles y que después, cumplida la faena y ganada la guerra civil a los izquierdismos en armas, los militares se quedaran en el Poder hasta que perdieron la guerra de las Malvinas contra los británicos? 

Ahora los Kirchner, investigados por supuesto enriquecimiento ilícito en sus mandatos presidenciales, endogámicos y casi dinásticos, se vienen a la Cumbre de Madrid para increpar a un poder del Estado español por juzgar y suspender al juez Garzón al haber cruzado éste las líneas rojas del menester judicial. Por eso y no por investigar los crímenes del franquismo ni por abstenerse de considerar los crímenes del frentepopulismo. Y lo hacen a sabiendas de que probablemente ello puede ser del gusto del inquilino de la Moncloa. ¡De puro vómito, pues, la pareja de este sórdido tango argentino! 

Y nada digamos de la alevosa embestida, contra el partido que representa cuanto menos a la mitad de los españoles, dada por el jefe de un Estado sostenido con la caridad internacional en la que tanta parte tenemos los contribuyentes de aquí. Quien eso hace se define cumplidamente como miembro del hemisférico sindicato de chorizos frentepopulistas e indigenistas. Que mienten a las mayorías populares para enriquecer a los cómplices en la estafa revolucionaria.