Fidel, golpeado por el bronce

No lo ha sido Fidel por el bronce del cañón ni tampoco por el de las campanas que doblan por los muertos. No. Lo ha sido, y lo es, por el bronce de la memoria donde aparecen grabadas sus palabras ante la Unión Interparlamentaria en agosto de 1981, con motivo de la muerte de Bobby Sands y otros miembros del IRA, ocurridas en prisión por causa de la huelga de hambre en que se inmolaron como protesta contra la autoridad británica. 

Ahora, cuando a las Damas de Blanco no se les permite en la Habana protestar por la suerte de los suyos, presos de conciencia que purgan en las ergástulas del castrismo su demanda de libertades para los cubanos; cuando las autoridades del régimen insultan la memoria de Orlando Zapata, muerto en prisión tras un ayuno de 85 días, tildándole de delincuente común; cuando la dictadura enfrenta la que posiblemente sea el más comprometido acoso interno de su historia …, el rebote del discurso aquel le cae al ex jefe del Estado cubano como auténtico campanazo de la memoria histórica . No fueron estas palabras pifia verbal (eventual y políticamente mortal) como la del Premier Gordon Brown ante una votante histórica del Partido Laborista, o como las de tantos políticos que en democracia sueltan lo que no deben cuando ignoran que son portadores o están próximos a un micrófono abierto… 

Lo de Fidel Castro, que aparecen en el bronce soportado por un pequeño monumento conmemorativo dentro de un parquecito en el barrio habanero del Vedado, y cuya foto  me acaban de mandar unos familiares de Cuba, no tiene literalmente desperdicio. Suena ese bronce de la siguiente manera: 

“La tozudez, la intransigencia, la crueldad, la insensibilidad de la comunidad internacional del Gobierno británico frente al problema de los patriotas irlandeses en huelga de hambre hasta la muerte, recuerda a Torquemada y a la barbarie de la Inquisición en plena Edad Media. Tiemblen los tiranos ante hombres que son capaces de morir por sus ideas, tras 60 días de huelga de hambre al lado de este ejemplo. ¿Qué fueron los tres días de Cristo en el Calvario, símbolo durante siglos del sacrificio humano?  Es hora de poner fin mediante la denuncia y la presión de la comunidad mundial a esa repugnante atrocidad” 

Pues eso. Se ignora si un texto así, que tan cegadoramente ilumina la actualidad política de Cuba, se encuentra recogido en las Obras Completas y los discursos del Gran Timonel de la revolución comunista isleña; también, si el metal en el que están grabadas palabras tan inmarcesibles sigue o seguirá en su sitio muchas horas después de que esta reproducción literal de las mismas lleguen a la que fue la Perla de las Antillas. 

En todo caso, si cierto es para el común de los mortales eso de que somos señores de nuestro silencio y esclavos de nuestras palabras, lo es mucho más para el propio Fidel, ahora que la Iglesia de Cuba acaba de terciar en el enfrentamiento de los 200 presos de conciencia con el régimen castrista por causa de la libertad, y en el que sostiene la dictadura comunista con los Gobiernos estadounidenses por las restricciones económicas que éstos imponen a la isla desde hace medio siglo. 

Esa memoria en bronce de lo dicho hace 30 años por Fidel Castro es el más formidable alegato de actualidad que cabe hacer ante el pulso que mantienen quienes se dejan morir de hambre con el sistema establecido en Cuba desde hace medio siglo. Para rebatirles las razones habría el sistema castrista de tragarse ese bronce del Vedado, palabra por palabra, y fundirlas de nuevo en sus entrañas.  Pero, mientras tanto, ninguna palabra se ha escuchado, ni en el Gobierno cubano ni tampoco en Washington, sobre la operación de desbloqueo global planteada por el cardenal arzobispo de La Habana, Jaime Ortega.