Estado de Golpe

Hablemos de estado de golpe al Estado, al Estado democrático de Derecho. Hablemos de una acción de masas contra la independencia del Poder Judicial en su doble vértice: el Tribunal Supremo, por sus tres distintas imputaciones al juez Baltasar Garzón, y al Tribunal  Constitucional, por no haber dado luz verde al Estatuto de Cataluña. Hablemos, y entendamos, que estamos ante una operación bifronte contra la base institucional de toda democracia de libertades, como la establecida tras la extinción biológica del franquismo. Concluyamos que asistimos al intento de voladura de los puentes institucionales de la Transición, de ésta misma y de la arquitectura institucional del orden político español.

Unos miles de  manifestantes agavillados en una veintena de ciudades españolas, asistidos por otros varios centenares en Lisboa y París; prologados desde una operación de Prensa en medios extranjeros de izquierda, y coordinados todos al parecer desde un despachito en Nueva York …, han conformado la erupción política derramada sobre dos propósitos complementarios: secuestrar el rumbo constitucional de la democracia española y ocultar, política y revolucionariamente, el fracaso económico y la tragedia social de los cuatro millones largos de parados. Los griegos, aunque peor económicamente, nos llevan la ventaja de su estabilidad constitucional con un partido socialista, el PASOK, asentado en principios de unidad nacional ni discutidos ni discutibles.

En este sentido, Mariano  Rajoy se equivoca cuando dice que “España está haciendo lo mismo que Grecia”, puesto que el origen de la crisis griega viene de una derecha que falsificó las cuentas – permitiendo además que se hundiera el país -; mientras que allí la derecha y la izquierda comparten un mismo sentido de lo nacional y una misma percepción básica de pasado lastrado también por una guerra civil impulsada por Stalin, y por Stalin cancelada cuando, presionado en Postdam por Truman y Churchill – que le exigían cumplir el Pacto de Yalta sobre el reparto de influencias en Europa -, ordenó a Yugoslavia, Albania y Bulgaria que cerraran sus fronteras con Grecia, con lo que asfixió al ejército del comunista Markos, que las utilizaba para replegarse por ellas a la impunidad cuando sobrevenían los arreones del anticomunista Papagos.

Y mientras en la Hélade sólo los comunistas intentan reabrir las heridas de su guerra civil, sin que ni el PASOK ni la derecha les hayan hecho caso alguno, en España, el Gobierno, y el partido del Gobierno, son en lo político los sujetos de la demencia del guerra-civilismo retrospectivo y Garzón su profeta judicial. Así en una parte del dislate político, puesto que la otra es la aventura estatutaria del incapaz de la Moncloa.

Pero también  en lo político, después de hacer una exhumación del pasado a beneficio de inventario, valiéndose de la Ley de la Memoria Histórica como munición del susodicho juez, instituido como su instrumento procesal de su ocurrencia, el presidente Rodríguez induce, ordena o permite, tanto da, poner al Tribunal Supremo al pie de los caballos. Pues ocurre que la eventual suspensión de ese juez y/o su apartamiento de la carrera, permitiría desbloquear el sumario del “caso Faisán”, en el que se suponen responsabilidades ministeriales que serían, de probarse, de relevancia crítica contra la estabilidad de fiscales, ministros y del propio presidente Rodríguez. Todo ello, tras de la aberrante incursión de éste, convenida parlamentariamente con la extrema izquierda y los nacionalistas; a despecho del Pacto Antiterrorista, de la integridad de la ley y del decoro del Estado, para las negociaciones con los etarras, en cuyo contexto se produjo el “faisanazo”.

En resumen, concurren dos presiones, a las que no es ajeno el Gobierno, que convergen en estas horas contra la independencia del Poder Judicial, y por ello contra el Estado democrático de Derecho. Una es la carga contra el Tribunal Supremo por las tres causas en las que Garzón se encuentra imputado. La otra presión es la dirigida contra el Tribunal Constitucional por el bloqueo en que se encuentra el recurrido Estatuto de Cataluña alentado en su día por este presidente del Gobierno. Desde una cosa y desde la otra se golpea al Estado democrático, puesto que se daña gravemente uno de sus tres  poderes, el Judicial, al coartar su independencia. Por eso habrá que llamar estado de golpe a este doble golpe o presión contra el Estado. ¡Ah! Volviendo sobre la referencia a Grecia, y a propósito de los querellantes contra Garzón, conviene recordar al vicesecretario de Ferraz, aquello de que “la verdad es la verdad, la diga el rey Agamenón o la sostenga su porquero”.