Lo único que no se sabe es lo que no se hace

Albares dice en Bruselas que Argelia "viola" acuerdo de asociación con la UE

EFEAlbares

Hay “misterios” que duran toda la vida y otros que, por el contrario, tienen las patas más cortas que las mentiras. Para explicárnoslos, a fuerza de elucubrar, elaboramos hipótesis que en la mayoría de los casos ni por lo más remoto se acercan a la verdad y cuando alguien por casualidad se acerca demasiado, se le cuelga una bonita etiqueta: partidista, paranoico, listillo, vendido… En el asunto del “volantazo” de nuestro presidente a cuenta del Sáhara occidental, en cuanto el rey de Marruecos tuvo a bien informarnos de que por fin le habíamos dado la razón, confieso que me subí – en mi descargo, diré que es mi trabajo y mi pasión - al carro de la cavilación y sus correspondientes resultados.

¿Qué razón de peso nos había llevado a dar con la puerta en las narices, en plena crisis energética, a quien nos suministra gran parte del gas? La magnitud del motivo tenía que ser inimaginable, además de inconfesable. Porque, incluso tratándose de Pedro Sánchez, cuando una decisión entra en el ámbito de la política de Estado y no de Gobierno cualquier mandatario, sí también él, se debe al Parlamento. Y si luego no hay consenso, al menos se han guardado las apariencias de país democrático con el imprescindible, también inútil, debate. A sabiendas de que si no había habido explicaciones antes, no iban a darse una vez consumado el aparente dislate, algunos apuntamos entonces a la Realpolitik como madre de una decisión que se nos presentó ya inapelable.

No era descabellado hacerlo - ingenuo al parecer sí - por varios motivos: durante el mandato de Donald Trump, EEUU reconoció la soberanía marroquí sobre el territorio de la antigua ex colonia española a cambio de que Rabat hiciera las paces con Israel, Macron se apresuró a celebrarlo porque “la disputa ya había durado demasiado" y hasta a Alemania, de pronto, le pareció bien. A la ONU, ni caso. Así que nada parecía descartar que la misiva de Sánchez hubiera sido dictada desde la política pragmática. Quizás la Unión Europea habría presionado para que España se reconciliara con Mohamed VI después del tema Gali y la inhumana represalia marroquí en la playa de Tarajal. En Bruselas no podían permitirse, quisimos creer algunos, que a los millones de desplazados ucranianos hubiera que sumar más seres humanos a los que dar cobijo. Hasta deseamos en secreto que Sánchez guardara, en plena escalada de sanciones a Rusia, un as en la manga…

Tanta cavilación, señores, para nada. La cosa iba de presión, sí, pero no llegaba de Washington ni de Bruselas. Tampoco había detrás maniobras de experto tahúr, mucho menos un trío de ases. Al parecer, la tinta que destilaba la pluma de la rúbrica tenía el color del miedo. Los análisis sesudos, a la papelera. ¡Ay, Pegasus! El teléfono móvil de Pedro Sánchez había sido hackeado con el ya famoso malware de fabricación israelí, país otra vez amigo de Marruecos por obra y gracia de Donald Trump, y, según nuestro propio gobierno, del aparato se habían “robado” 2,6 gigas de datos. ¿Blanco y en botella? ¿La única razón que cambió la postura adoptada por un país serio y en un momento tan delicado fue un mundano “te tengo pillado”?

En su día, el de la inesperada misiva, Argelia se limitó a denunciar la traición de España y esperó – quizás, igual que nosotros, mientras intentaba entenderlo y valoraba su respuesta – para servir bien frío el plato de la “vendetta” en la mesa de nuestro ufano gobierno cuando este ya había pasado página y andaba dando la vuelta a la siguiente tortilla. Casi tres meses después, el Enviado Especial argelino para el Sáhara Occidental y el Magreb, Omar Belani, desvelaba el presunto chantaje de Marruecos a Pedro Sánchez con la información obtenida de su móvil para obligarle a reconocer la soberanía marroquí sobre el Sáhara.

Argelia anunció, de paso, la suspensión del acuerdo de amistad, buena vecindad y cooperación suscrito con España el 8 de octubre de 2002, seguida de una orden a la Asociación de Bancos y Establecimientos Financieros argelina para congelar las domiciliaciones bancarias en operaciones provenientes y destinadas a España. Hablamos, en términos macroeconómicos, de 2.700 millones de exportaciones, en un momento en el que pintan bastos en la microeconomía de nuestros agujereados bolsillos, que no piden remiendos de 20 céntimos en los carburantes sino menos impuestos sobre los mismos. ¿Qué nos ofrece Marruecos a cambio de romper con Argelia? Mantener a buen recaudo, de momento, secretos del gobierno. ¿Y ahora tenemos que leer titulares sobre la preocupación de los ministros de Sánchez? ¡Qué demonios pensaban que iba a hacer Argelia! ¿Tragarse el bofetón? ¿Poner la otra mejilla teniendo además la sartén por el mango?

Por eso, las relaciones internacionales no pueden ser de gobierno sino de Estado. Pedro Sánchez, como mucho, puede perder votos. Sí, es cierto, para cualquier líder político es la peor de las desgracias, pero resulta que a sus gobernados, a todos, su maniobra nos sale literalmente muy cara. Si Europa no presionó entonces para la reconciliación con Marruecos, ahora recurrimos a ella para que intente apaciguar las aguas revueltas en las que Mario Draghi, bendito estratega económico sin factura política, sí ha pescado. Quizás – no es hipótesis sino esperanza - en Bruselas exijan a Sánchez, o a Albares dando la cara por él y todos sus compañeros, las explicaciones que aquí no se dignó a dar. Entre otras cosas, porque ni siquiera se las pidieron con la firmeza que la gravedad del asunto requería quienes tenían la obligación de hacerlo. Remendemos los salvavidas, porque cuando la deriva afecta también a una oposición que se muestra débil a la hora de cumplir su función de imprescindible contrapeso en una democracia, se otea el naufragio. Y sálvese quien pueda.