Si en lugar de una anciana, hubiera sido una niña

luis-lorenzo-actor

María Isabel Suarez pasó por la vida como la inmensa mayoría de nosotros, es decir, como pudo. Con su correspondiente dosis de suerte y las cartas que, para bien o para mal, le habían tocado en el aleatorio reparto que acompaña al nacimiento. Se quedó viuda casi dos décadas atrás y en su destino o en su intención no estuvo tener hijos. Sola, con dos manos en lugar de las cuatro acostumbradas, siguió con la labor que hasta entonces había desarrollado en compañía: cultivaba su huerto en la localidad asturiana de Las Regueras, donde la ganadería láctea hace años que ganó la partida a la agricultura, y luego cargaba las hortalizas para venderlas en el mercado. Ya había cumplido los ochenta y algunos llevaban tiempo aconsejándole que se jubilara. “Es que a mí me gusta”, replicaba ella. Además, la salud le respondía - el último informe médico de su centro de salud lo confirma -, así que mientras pudiera, seguiría haciendo lo que le gustaba. Hasta que llegó la pandemia y con ella un confinamiento que nos pilló a todos con el pie cambiado, pero con distintas circunstancias.

A Isabel, sin mercado donde vender lo cultivado, afrontando días larguísimos que durante toda su vida le habían parecido cortos. La pandemia dio al traste con su disciplina, más propia de un samurái que de una mujer que había superado el umbral de los ochenta, pero al menos estaba en casa, sin agobios económicos, acompañada de sus recuerdos. Todo se torció en marzo de 2021, cuando su sobrina, Arantxa Palomino, fue a buscarla con su marido y la trasladaron al piso que la pareja compartía en el municipio madrileño de Rivas Vaciamadrid. Ya habían intentado que fuera con ellos en agosto de 2020, pero María Isabel se negó e incluso dejó de abrirles la puerta. Imposible saber cómo lograron que después accediera, intentarlo sería novelar una historia que es brutalmente real y no precisa de florituras. Por otra parte, cualquiera que se haya enfrentado a un manipulador sabe que sus recursos son tan inescrutables como infalibles. Quizás le dijeron que era para pasar unos días, aunque Isabel se quejaba siempre, ya de vuelta en su tierra, de que cada vez que iba a visitarles, “le sacaban los cuartos”.

Su marcha sorprendió a sus hermanos, de quienes ni siquiera se había despedido. Uno de ellos, José, se enteró por la vecina de tan inusual partida y saltaron las alarmas. En las familias nos conocemos todos y Arantxa ya había mostrado lo mucho que le gustaba el parné cuando falleció su madre y únicamente lloró a causa de la herencia. Así que José, al ver que Isabel no regresaba y que en el domicilio de Rivas no le dejaban hablar con ella, denunció su “desaparición” en la comandancia de la Guardia Civil de Asturias que, a su vez, avisó a la madrileña. Ahí empezó una guerra cuyo desenlace no tardó en llegar. María Isabel falleció en junio de 2021, tres meses después de llegar a Rivas, donde además se le había diagnosticado una demencia que mientras vivía en Asturias nadie, tampoco su médico, “pronosticó”. Un parte de Urgencias de fecha 29 de abril de 2021 recoge que la paciente presenta diversas caídas y “demencia severa con trastorno de conducta”. ¿Caídas? ¿Conducta? La anciana se estaba defendiendo con dientes y uñas. Sin embargo, luchaba en desventaja.  Es infinitamente más fácil creer a una sobrina preocupada y a su marido, para colmo actor, que a una octogenaria viuda y sin hijos que, presa de una visible agitación, dice “incongruencias”. Por ejemplo, que la tienen secuestrada. Si en lugar de una anciana hubiera sido una niña, habrían llamado a servicios sociales…

A pesar del diagnóstico, la pareja logró que Isabel hiciera testamento el 5 de mayo de 2021 y que el 21 de ese mismo mes otorgara un poder notarial en favor de su sobrina para operar sus cuentas bancarias. Cualquiera que haya desempeñado el cargo de tutor de un ser querido sabe del riguroso control que ejerce en estos casos la fiscalía, así que ¿cómo es posible que con dicho diagnóstico se dieran por buenos los documentos firmados por Isabel? Y, sobre todo, ¿cómo lograron superar los pilares fundamentales de toda escritura notarial, la capacidad de obrar y la libertad de consentimiento del otorgante? Segundo “obstáculo” superado. Si hubiera sido una niña…

Del fallecimiento de Isabel, su hermano se enteró por el juzgado que investigaba la denuncia y, por muy claro que se leía muerte por causa natural en el certificado de defunción expedido en Rivas, él no lo creyó. Como en la célebre frase de Tolstoi, todas las familias felices se parecen unas a otras pero cada familia infeliz lo es a su manera, y en el seno de esta en concreto sabían que María Isabel estaba sana antes de marcharse, que ella misma tenía “calados” a la sobrina y a su pareja y que jamás habría dejado de llamar a sus hermanos. Por fortuna y al contrario de lo que quizás esperaba Arantxa Palomino, la muerte de María Isabel no bastó para pasar página. En Asturias, su tío pidió la exhumación del cuerpo para que se realizara una autopsia y si alguien pensó, también en este caso, que eran paranoias de otro viejo más, después tuvieron por desgracia que darle la razón. De acuerdo con el informe de los forenses que analizaron muestras de sangre, cabello y órganos, la muerte de la anciana fue “violenta” y se produjo por “una intoxicación aguda por metales pesados, cadmio y manganeso” administrados en dosis letal. Según sus conclusiones, esos dos metales pesados, presentes en tintes, pilas y fungicidas, no habrían podido llegar de forma accidental al organismo de la mujer y, por lo tanto, la causa de la muerte era de carácter homicida.

Ahora, tras un año de investigación, el informe presentado por el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil es tan contundente como aterrador. Por una parte, en lo económico, el actor y su pareja “desviaron patrimonio monetario hacia sus cuentas, de forma paulatina e ininterrumpida” desde que llegó María Isabel. Las transferencias sospechosas realizadas entre el 11 de marzo y el 29 de junio ascienden a 22.952,25 euros y el mismo día de su fallecimiento hubo siete movimientos por importe total de 12.000 euros y uno más, de 1800 euros, al día siguiente. En lo personal, que la pareja intentara justificar que el dinero estaba destinado al cuidado de María Isabel solo sirvió para sacar a la luz que, además de presuntamente secuestrada y asesinada, la anciana fue maltratada. La empresa FELIZVITA con la que la pareja contrató los servicios de una cuidadora, ha presentado informes que aseguran que “Isabel estaba completamente desasistida, sin medicación, en un absoluto estado de abandono y sin medicamentos”. También que la sobrina se negaba a proporcionar a la cuidadora materiales indispensables para el correcto desarrollo de sus funciones, tales como gasas, pañales o esponjas. Y, una vez más, la pregunta es ¿no debería haberse denunciado de inmediato tal situación? ¿Qué se habría hecho, por ejemplo, en una guardería?