Pedro Sánchez, o Tezanos siempre tiene razón

Tezanos y Sánchez

Oyendo al presidente del Gobierno en el debate del Estado de la Nación hay que convenir que José Félix Tezanos, sociólogo de cabecera del jefe del Ejecutivo y máximo responsable del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), tenía toda la razón cuando dijo, en una reciente entrevista en El Mundo, que no se le ocurría absolutamente nada que Pedro Sánchez haya hecho mal desde que llegó a la Moncloa y que no era capaz de reprocharle defecto alguno.

En Pedro Sánchez. Había partido: de las primarias a la Moncloa, el último libro de Tezanos que acaba de llegar a las librerías, el que fuera secretario del Área de Estudios y Programas de la Ejecutiva Federal socialista hasta que se hizo cargo el CIS se vuelca sin miramientos en su jefe. Y tras decir que siempre ha votado al PSOE y que no concibe votar a otro partido, se deshace en elogios a Sánchez: “Un líder con criterio y firmeza de ánimo”, “personalidad templada” y “convicciones arraigadas”, que es “un ejemplo para los jóvenes” y capaz de transmitir “tranquilidad y confianza”. Todo esto y mucho más puede leerse en la citada obra, en cuya presentación participaron, y muy activamente, varios ministros del Gobierno y altos cargos de Ferraz.

Nada que no supiéramos, por otra parte, pero que nos puede servir de introducción para comprender el triunfalismo del inquilino de la Moncloa, su excesiva autocomplacencia y su escaso nivel de autocrítica; también su inclinación a las verdades parciales que pueden acabar siendo mentiras rotundas, su capacidad para mirar hacia otro lado cuando la ocasión lo requiere y su fórmula, por lo que se ve inagotable, para sobrevivir en el filo de la navaja.

Y en estos procelosos meandros el ínclito se maneja como nadie, aunque para ello tenga que echar mano de lo que sea, hasta incluso del bueno de Alfredo Pérez Rubalcaba -que pensaba de Sánchez lo que todo el mundo sabe dentro y fuera del PSOE, incluido el interesado- al que no le ha importado utilizarlo para un apaño momentáneo que le permitiera poder “seguir adelante”.

“Seguir adelante” es siempre la primera máxima del credo político de Pedro Sánchez. Y si ahora había que ponerse el traje de izquierdas, como brillantemente escribió aquí Manuel Sánchez, para pasar el marrón y tratar de convencer a UP de que sus intenciones son honestas, pues giramos, decimos lo que los hijos de Pablo Iglesias quieren escuchar y “ya veremos”. Y “ya veremos” es la otra gran derivada del catecismo presidencial en tiempos cambiantes como estos, donde lo que hoy es meridianamente claro, mañana se puede difuminar a la velocidad de la luz.

En nuestro país, los grandes debates parlamentarios, me da igual el del Estado de la Nación u otro cualquiera, están lamentablemente repletos de medianías, de mediocridad y lugares comunes, tópicos y latiguillos, chascarrillos electoralistas, frases de laboratorio, ideas de gabinete de comunicación, algún toque de Hazañas Bélicas y marketing de andar por casa… y todo esto deja al descubierto el pobre nivel de la mayoría de nuestra clase política, independientemente de las siglas bajo las que se esconda. Y el de este lunes y martes, salvo contadísimas excepciones, no se sale tampoco, en mi modesta opinión, de estos parámetros.

Pedro Sánchez no estuvo mal; incluso podría decir que, a ratos, estuvo bastante bien. Seguro que Tezanos diría o seguramente dirá, quién sabe, que para el 50, 60 o 70 por ciento de los españoles ha sido el gran vencedor del debate. Yo no soy tan influenciable como su reciente biógrafo, pero sí que creo que ha ganado el combate, fundamentalmente por la incomparecencia del PP. Ha estado poderoso en el verbo, atrevido, más progresista e ideológico de lo habitual y de lo que posiblemente le gustaría, con capacidad de respuesta y con la habilidad recurrente de saltarse lo que no le gusta y de no contestar a lo que no le interesa, lo que lleva a ganar casi todos los envites.

Sus propuestas pueden calificarse de interesantes, aunque alguna de ellas, al tiempo, acaben dentro del ‘mucho ruido y pocas nueces’ y otras directamente no lleguen a consumarse. De todas formas, el principal error de Sánchez no estuvo en lo que dijo sino en lo que calló. Le faltó valor para decir en sede parlamentaria, lo que va diciendo por ahí su vicepresidenta Calviño: que lo peor está por llegar, que el otoño va a ser infinitamente más duro de lo que ha dejado entrever en sus intervenciones y que lo que se avecina va a ser muy jodido, y perdonen por la expresión.

Pero el problema del presidente del Gobierno es que cada vez son menos los que le creen y menos aún los que se fían de él. Dentro y fuera del hemiciclo; en la carrera de San Jerónimo y en el resto del país. En el Congreso no se fían de él ni sus socios de Gobierno ni sus aliados y en la calle no se lo creen ni tan siquiera muchos votantes del Partido Socialista, de los de antes pero también de los de ahora. A caballo entre seguir adelante al precio que sea y el ya veremos dependiendo del momento, Pedro Sánchez aspira a concluir la legislatura en diciembre del año próximo si la inflación no se lo lleva antes por delante.

El que desde luego no se lo va a llevar por delante, al menos por lo visto y oído en este debate, es el Partido Popular. Muy mal Gamarra, precipitada y torpe, que no estuvo a la altura del momento; y muy mal Feijóo, que se ha escondido para no tener que enfrentarse ahora a Sánchez cuando a lo mejor, con el reglamento del Congreso en la mano, tenía alguna posibilidad de haber sido él la voz del PP si realmente si realmente hubiera tenido valor para ello. Sin embargo, ha preferido hacer de líder de la oposición a través de una entrevista radiofónica.

Al nuevo líder popular le está empezando a suceder lo que a su antecesor en el cargo, que prefería heredar que conquistar, con el peligro que arrastra esa aparente insustancialidad que parece rodear al gallego como rodeó a Casado. Feijóo está en serio peligro de creerse que todo le va a venir dado y que puede esperar sentado.

Además, volver a ETA después de 10 años, por mucho que coincida con el aniversario de Miguel Ángel Blanco y con la nueva y controvertida Ley de Memoria Democrática que se aprobará este jueves, es un error de bulto, al margen del respeto que nos merezcan todas las víctimas del terrorismo. No es lo que tocaba en estos momentos de angustia económica e incertidumbre en el futuro. No parece ni lógico ni acertado reducir la parte mollar de su discurso de oposición, en un debate de este calado, a un terrorismo que ya no está con nosotros por mucho que sus estragos permanezcan inalterables a nuestro lado. En Génova deberían saber, también, que cuando se habla de ETA hay hemeroteca para todos los gustos y no toda está de su parte.

Mientras tanto, y recordando al siempre añorado José Antonio Labordeta, Pedro Sánchez se ha convertido en el nuevo San Lamberto, aquel zaragozano al que los romanos le cortaron la cabeza y que sin embargo continuo su camino, como si nada, con ella bajo el brazo. ¿Logrará el presidente llegar así al final de la legislatura? Tezanos, por supuesto, está convencido de que no hay reto imposible para el inquilino de la Moncloa y no descarta preguntarlo en el próximo sondeo de su CIS.

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