Vuelve Redondo

Sánchez y redondo 3

Déjà vu. Es como si Iván Redondo quisiera volver a ser el que se tira por el barranco cuando el presidente del Gobierno se lo pide. En su última encíclica en La Vanguardia recuperamos, por fin, al que fuera gran pensador del Ejecutivo de coalición, al hombre leído y sabio que recordábamos de cuando le marcó el camino al líder, de cuando todos le babeaban sus presuntas genialidades y le rendían pleitesía porque pensaban que era él quien tenía la última palabra; de cuando ejercía de capitán incontestable de las cloacas de Moncloa. Tiempos históricos e histriónicos en los que nada que fuera medianamente importante se decidía, creíamos entonces, sin tener en cuenta su opinión.

Luego vino el castañazo, el gran castañazo, para ser exactos; el fin del cuento de la lechera, el acabose, el duro despertar y el baño de realidad que venía a confirmar que ya ni barranco tenía para despeñarse.

Ahora aspira a repetir la profecía del 22 de mayo de 2017 cuando escribió en su blog The War Room la hoja de ruta por la que todavía hoy transitamos en España. “Si enfocamos bien el ajedrez político que se avecina -dijo- deben saber que hay altas probabilidades de que Pedro Sánchez pueda ser presidente. Bien a través de una moción de censura (si suceden más escándalos en el seno del PP y se conforma una mayoría alternativa), o tras el resultado de elecciones anticipadas… La corrupción está hundiendo la marca PP… El ‘no es no’ simboliza ya oficialmente el auge, caída y resurrección de Pedro Sánchez. Pablo tiene el leño pero Pedro es el que baila junto al enano rojo. Ese y no otro es el foco. ¿Habrá efecto Pedro?”, se preguntaba en la conclusión de aquél análisis.

Este pasado lunes, 27 de junio de 2022, y bajo el título Vuelve Sánchez, Redondo retomaba la escritura de su interminable pero inacabado libro sobre las Hazañas Bélicas del presidente del Gobierno: “Vuelve Sánchez... Mensaje político directo al hígado, bien a la izquierda, bien afinado. Para, a partir de ahí, desplazar progresivamente el centro a tu causa. Juzguen ustedes las respuestas: la clase media y trabajadora frente a los poderes económicos, empatía con sus socios y recuperación de la carpeta Catalunya que es lo mismo que volver al universo España, esto es, al país que nos merecemos, diametralmente opuesto a esa nación restaurativa del PP de Alberto Núñez Feijóo. Este es Pedro Sánchez. No hay dos”. No hay dos.

Siempre es bueno, cuando se lee a Iván Redondo, husmear en sus mensajes ocultos; él al menos espera que lo hagamos. En esta ocasión echa mano de José Saramago, para afirmar, como ya hiciera el presidente en la última sesión de control del Ejecutivo, que ni las derrotas ni las victorias son definitivas. Pero la parte inquietante, siempre hay una con Redondo, está en recordarnos una de las últimas obras del genial portugués: El hombre duplicado, cuyo protagonista es un ciudadano que se da cuenta de que en su ciudad vive una persona que es exactamente igual que él. Esto da que pensar.

Especialmente si recordamos el primero de sus The Situation Room para el conde de Godó, cuando nos habló de Luis Martín Santos y su Tiempo de Silencio. La novela, ambientada en la dura postguerra de finales de los cuarenta, narra la historia de Pedro, un hombre que quiso ser alguien pero que por su pasividad y cobardía se ve arrastrado al fracaso.

Ahora, con El hombre duplicado, posiblemente, nos esté diciendo lo contrario: que no hay dos como Pedro, que el presidente sigue siendo único, que él es el original y que siempre superará cualquier copia. Clase de psicología para lectores principiantes.

Este chamarilero del verbo recrea en su última carta a los apóstoles el espíritu de superación de la madre del presidente -"este es Pedro Sánchez, que se ha criado con grandes ejemplos de no resignación, y vuelve"- y no se detiene ante nada cuando de textos almohada se trata. Un Redondo febril que no ceja en su palabrería mayestática añorando, quizá, viejos encuentros, viejas pasiones, viejos amores que vuelven: “Nadie en la historia de nuestro país ha logrado una remontada de la magnitud que necesita hoy la izquierda para ganar a la derecha tras el 19J… Una empresa titánica”, concluye enfervorizado.

Si no fuera porque le conocemos y ya sabemos de su parlamento vehemente a la vez que falsete; si no fuera porque dijo, en aquél primer ensayo, que Yolanda Díaz iba a ser la presidenta del Gobierno de España o que el PP ganaba en 41 de las 52 provincias; si no fuera porque ha trabajado para el restaurativo y popular Monago y su novia canaria y para el también restaurativo y popular García Albiol y su discurso cuasi racista...

Si no fuera por todo esto, insisto, quizá hasta le daríamos un repaso al nuevo capítulo de dibujos animados de este vendemotos ilustrado cuya habilidad es incuestionable pero que parece estar hambriento, muy hambriento, de solemnidad, de que alguien le vuelva a hacer caso. Una especie de político reprimido, un hermano pequeño de Zumosol, que sin embargo tiene una sobresaliente opinión de sí mismo y que suele ir por la vida con un par de fichas de ajedrez -así, como si nada- en el bolsillo de su americana. Un gran manipulador de verbo fácil que está convencido de que sólo importa ganar, cuyo compromiso social es prácticamente inexistente, que piensa que todos tenemos un precio y que el fin siempre justifica los medios. Un buen resumen, con perdón, de apenas unas líneas para un tipo de mucho cuidado.

"Vuelve Sánchez, que ya ha puesto la primera piedra. Y si tienes al piloto, ya sólo necesitas coche", concluye entre lágrimas de tinta un Iván Redondo que quizá sigue soñando con aquél viejo Peugeot 407 en el que se embarcó con Pedro Sánchez camino de la Moncloa. ¿Déjà vu?

 

Sobre el autor de esta publicación