Presos y libertad de expresión

Susana Díaz ha dado el pistoletazo de salida a un periodo electoral que va a ser determinante, al convocar elecciones para el día 2 de diciembre, y ha aprovechado para darle una colleja a Pedro Sánchez, a quien se la tiene guardada desde hace tiempo. Pero Cataluña sigue en el centro de atención, y no se habla de otra cosa que de la entrevista en TVE a Oriol Junqueras, uno de los golpistas catalanes presos a la espera de juicio. Tras aparecer en Informe Semanal, he escuchado críticas peregrinas que censuran el hecho de que se entreviste a un golpista. Y la cosa no va por ahí.

Claro que un medio de comunicación, si puede, debe entrevistar a Junqueras. A cualquiera que tenga interés informativo, esté preso o en libertad. Porque estar preso no priva a nadie de la libertad de expresión. Pero decimos entrevistar, no hacer un ejercicio de propaganda barata a favor del ERC y de los planes del Gobierno. Respecto a Cataluña. Hemos pasado de la Operación de Soraya que se fue al traste a la Operación Diálogo que saldrá también mal, pero peor.

Lo que sucede es que en democracia todos debemos ser iguales ante la ley, y el Ministerio de Interior no trata igual a todos los presos. Por norma prohíbe cualquier entrevista de un interno con un periodista, incluso aunque se trate de visitas privadas sin ánimo de hacer entrevista alguna. Y en este caso lo que llama la atención es que Informa Semanal, o sea, TVE, nos ha hecho regresar a los años de plomo, cuando la famosa entrevista Julián San Cristóbal en pleno apogeo del escándalo de los GAL. Porque no fue una entrevista. Lo que hizo TVE es ponerle un micrófono a Junqueras para que soltara lo suyo, lo que le interesa políticamente y desde la estrategia de su defensa. Y todo ello enmarcado en un reportaje que venía a apoyar el mensaje que le interesaba trasladar al preso y que le conviene al Gobierno de Pedro Sánchez. Y eso no es periodismo, es propaganda, es emplear recursos públicos para asuntos privados. Que no nos venga Rosa María Mateo a ponerse estupenda y a decirnos que fue un ejercicio de libertad de expresión que se hizo con criterios exclusivamente periodísticos, porque no somos idiotas.

Al Gobierno, sostenido por quien le sostiene, le convenía esa entrevista. Si se trata de libertad de expresión, que Grande Marlaska proceda inmediatamente a autorizar todas las entrevistas que cualquier preso o periodista tiene solicitadas formalmente. Que traten a todos por igual. Pero no sucederá, porque estos presos tienen bula, como la tienen para recibir en prisión como si estuvieran en el salón de su casa. El régimen de visitas que disfrutan nada tiene que ver con el de cualquier otro interno de España. Este Gobierno es un escándalo en si mismo, es un escándalo permanente. Y lo que queda por ver y escuchar. Permanezcan atentos a las pantallas.