La que se avecina

Ya está. Pedro Sánchez ya es presidente del Gobierno y cocina su Ejecutivo, arden los teléfonos y los whatsapp con recomendaciones, peticiones y ruegos. Porque ahora vienen las colocaciones, el PP ha de torear a todo el personal que se queda en el paro y Sánchez ha de gestionar la jefatura de la oficina de empleo que va a gestionar, y como la crisis sigue acechando, hay larga cola de aspirantes, aunque no todos pueden ser elegidos.

Sánchez es el primer presidente de la democracia que es investido con una moción de censura y su Gobierno es el más precario que hemos conocido. . Su legitimidad no es cuestionable, y merece como cualquiera un margen de tiempo para valorar su ejecutoria, pero cómo se ha gestado su llega a La Moncloa, y el hecho de que lo haga con los apoyos del populismo radical de izquierda, de los nacionalistas y los proetarras vascos y de los independentistas catalanes no augura meses de tranquilidad y estabilidad para España. Es inevitable además recuperar la hemeroteca y recordar los otros meses de la espera interminable en los que le escuchamos decir literalmente de Podemos: “El final del populismo es la Venezuela de Chaves y son las cartillas de racionamiento. Ni antes ni durante ni después pactaré con el populismo. Nosotros, ni PP ni populismo”.

Conozco hace años a Pedro Sánchez, de cuando comenzaba a pelear por hacerse un hueco en la nomenclatura socialista. Le reconozco sus méritos, su tesón y su audacia. No hay que ridiculizarle. Ha tenido la capacidad de aguantar y pelear hasta hacerse dos veces con la secretaría general del PSOE en condicione adversas y con enemigos de fuste. Ha perdido dos elecciones estrepitosamente, con resultados históricamente negativos. Los mismos que le esperan con el hacha levantada, porque además de un apoyo complejísimo, tiene un partido dividido que le va a dar disgustos.

La que se avecina es dura, todos los partidos se mueven ya con un horizonte en claves electorales. El PP tiene la oportunidad, después del desastre, de renovarse y aspirar a volver a gobernar liderando una oposición dura y constante. El PSOE, como Sánchez ceda excesivamente con sus peligrosos socios, lo pagará muy caro en las urnas. Podemos ha hecho presidente a su mayor adversario en la izquierda y los Ciudadanos de Albert Rivera pierden su sitio y buena parte del protagonismo que han disfrutado en los últimos meses y van a tener que aplicarse para recuperarlo porque electoralmente va a estar instalado en la diana de todos, pues es una amenaza real a izquierda y derecha.

Cataluña va a ser protagonista, y el independentismo va a pasarle muchas facturas a Sánchez por el apoyo. Y ahí vamos a ver si el nuevo presidente del Gobierno acredita solvencia y sentido de Estado o se deja llevar al abismo. Mañana toma posesión el Gobierno del racista Torra y la tensión va a ir en aumento. Sánchez tiene todo cogido con alfileres y el horizonte dibuja meses malos, para él y para todos los ciudadanos españoles. Ha llegado a La Moncloa dando la imagen de que ese era su único objetivo, no sabemos de verdad qué planes tiene, y que hipotecas ha adquirido con quienes le han dado su apoyo para ganar la moción de censura. Ha sido excesivamente escueto en la presentación de su programa inexistente. “Mi gobierno garantizará la estabilidad frente a las incertidumbres y desafíos inmediatos a los que se enfrente España”. Eso no es un programa, es un eslogan barato, de manual, que le serviría a cualquiera. Una obviedad para cualquier aspirante. Ahora viene la hora de la verdad, la que se avecina no permite que seamos muy halagüeños. Sánchez ha conformado una mayoría en la que solo hay un nexo de unión, que no es ideológico o programático. Solo les ha unido el afán de desalojar a Rajoy.

Y ahora, ojo, porque empezamos con  la corrupción del PSOE, ahí están Valencia y los ERE, en los que vamos a tener sentencia pronto, y a ver cómo aguanta el tirón Sánchez, el adalid de la limpieza. Sánchez ha armado una mayoría unida por el revanchismo y ninguno de quienes le han dado su apoyo desea elecciones anticipadas. Pero no hay otra, Sánchez debiera convocar más pronto que tarde a las urnas para que los españoles despejen las incertidumbres con su voto.