La derrota de ETA

ETA ha vuelto a escribir, y como cada vez que emplea las palabras, ha vuelto a vejar a las víctimas de cinco décadas de asesinatos, secuestros y demás actos terroristas. Ahora, seis años después de anunciar “el fin de la violencia” y a quince días de que, si cumplen su palabra, certifiquen su disolución para siempre, van y en un comunicado piden perdón, pero a algunas víctimas, concretamente a los “ciudadanos y ciudadanas sin responsabilidad en el conflicto”, y dicen que “lo sentimos de veras”, y califican sus asesinatos y secuestros de “errores o decisiones erróneas”.

Lo primero es que ETA fue derrotada por las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, muy especialmente la Guardia Civil. Sin más. De veras. Y una vez derrotados, ahora pretenden desaparecer vendiendo un relato insultante para todos, en especial para las víctimas, y buscando no se si un aplauso o un homenaje de la sociedad vasca y española, de los mismos a los que persiguieron, acosaron, asediaron, secuestraron y asesinaron.

El comunicado etarra, tan repugnante como todo lo suyo, evidencia que no tienen más salida que la disolución, porque fueron derrotados. Si tuvieran la más mínima capacidad de seguir asesinando lo harían, porque no se arrepienten de nada, de veras, y porque están convencidos de haber hecho lo que debían. Pedir perdón solo a una parte de las víctimas y con la boca pequeña es escupir sobre las tumbas de todos los asesinados por la última banda terrorista que queda en la Unión Europea. Al diferenciar entre sus víctimas evidencian que creen que la mayoría de ellas merecían lo que les hicieron.

En sus estertores, los asesinos y sus cuates mienten de nuevo y se mofan de las víctimas. Están pretendiendo vender un discurso que algunos les van a comprar. Y en su delirio, nos vienen ahora con el bombardeo de Guernica citándolo en dos ocasiones. Los mismos que han asesinado a casi mil personas, todas inocentes, claro, muchos de ellos niños, pretenden justificar sus actos terroristas con un discurso político vomitivo que pretende blanquear su historia de sangre y sufrimiento. Buscan desesperadamente una salida para sus presos, pero aún quedan la mayoría de sus asesinatos sin resolver. Nos venden la memoria histórica para justificar 800 asesinatos y pretenden la amnesia sobre sus crímenes. No cabe mayor desfachatez. Y lo que queda por ver antes de que, en quince días, escenifiquen la defunción final de la banda. Nos quedan muchas cosas repugnantes por ver y escuchar.

El perdón etarra llega con mucho retraso, no es sincero y se ha convertido en un insulto a las víctimas. No cabe justificación alguna para ninguno, ni uno solo, de sus asesinatos. Ahora quieren blanquear su pasado, incorporarse a las instituciones, conseguir beneficios para sus presos y aquí no ha pasado nada. Y han pasado muchas cosas, claro que sí, que no debemos olvidar para que no se repitan. Los matarifes etarras, con Otegui a la cabeza, está en una estrategia política que ya conocemos, y a la que no se le puede dar la más mínima cancha. No cabe la amnesia ante casi 1.000 asesinatos, más aún cuando quedan más de trescientos atentados etarras sin esclarecer. Han sido derrotados, liquidados democráticamente, y ahora vienen a presentarse como almas cándidas. De veras, no podemos dejarnos engañar por estos asesinos. Sería matar otra vez a los muertos, a las víctimas. Todos, todas, inocentes.