El empate eterno y el gran juicio de la corrupción

Según una encuesta de La Vanguardia, en las elecciones catalanas el 21 de diciembre habrá un triple empate entre ERC, Ciudadanos y JuntsxCAT. Eso tras el CIS del día 6, que apuntaba que la suma del voto independentista no conseguiría mayoría absoluta esta vez. Hay cierta sensación de victoria segura en los partidos constitucionalistas, pero me temo que si se confían y aflojan, de nuevo pueden llevarse un disgusto. Porque Cataluña ha vuelto a la “normalidad” rajoyesca. Sucede que desde hace muchos años la normalidad en Cataluña es que quienes no están del lado de los independentistas padecen una persecución insoportable. Y quizá el día 22 el escenario político catalán sea peor que ahora. Y sigue la campaña con el ex presidente huido en Bélgica pero presente como cabeza de lista, el ex vicepresidente preso, pero candidato a presidente, o sea, todo normalísimo.

Después de tantos años de “procés” independentista, Cataluña está divida, triste, golpeada y devaluada, en estado de pesimismo, y todo apunta a que el resultado de las autonómicas que se vienen va a ser muy ajustado entre las listas independentistas y las constitucionalistas y va a ser más que difícil conformar Gobierno el día 22. Cataluña es un laberinto político y social de complicada salida y aunque las encuestas se equivocan con frecuencia en los pronósticos, como yo, todo apunta a que estamos ante un empate eterno que dificulta encontrar un Gobierno que normalice de verdad la vida de los catalanes. Los dos bloques andan divididos, quizá más los secesionistas, con ERC como probable lista más votada pero con el fugitivo Puigdemont como presidente aún preferido por muchos. Van a ser más que complicadísimos los pactos para formar Gobierno en Cataluña. El PSC aspira a colocar a Iceta cerrando con el PP un acuerdo del tipo tú a mí en Cataluña y yo a ti en España. La encuesta del CIS daba a Iceta, por sorpresa, como segundo presidente más preferido tras Puigdemont y el líder socialista se muestra convencido de que va a ser capaz de recoger parte del voto catalanista moderado que se llevaba CiU antes de convertirse al independentismo con Mas. No es fácil adivinar una salida para esta Cataluña deprimida, dividida y en crisis lacerante. Seis partidos pelean por el voto en dos bloques enfrentados. No parece posible que sea real la independencia a corto plazo, pero los independentistas siguen a lo suyo, entre fugas y renuncias, pero controlando el cotarro y la propaganda. Han tenido a su disposición años y años de impunidad y manejo del dinero público, y no va a ser fácil convertirles en derrotados en las urnas.

Y entre tanto lío catalán pasan desapercibidas muchas cosas. Por ejemplo, que esta semana comienza, concretamente el miércoles, el juicio por el caso de corrupción cuantitativa y cualitativamente más grave de la democracia, el de los ERE de la Andalucía socialista, tras casi siete años de instrucción de un sumario interminable y complejo. Una causa que marca al PSOE para siempre, debido a la trascendencia y la gravedad del caso, un macrojucio que sienta en el banquillo a dos ex vicepresidentes, Chaves y Griñán, a veintidós ex altos cargos de la Junta y a la ex ministra Magdalena Alvarez, acusados de prevaricación, malversación de caudales públicos y asociación ilícita,  con una petición fiscal de hasta 8 años de prisión de inhabilitación para cada acusado. Se calcula que malversaron casi 800 millones de euros de dinero público, parte del cual venía de la Unión Europea, destinado a ayudar a los más desfavorecidos y a los parados, que en Andalucía son legión. Los acusados utilizaron estos fondos sin ningún control diseñando una trama corrupta de la que se beneficiaron personajes de todo tipo, falsos trabajadores, sindicatos, abogados, empresarios y políticos. Y todo ello sin que los responsables políticos hicieran caso de las advertencias de la Intervención General de la Junta sobre la ilegalidad del sistema que se habían montado.

La instrucción de la macrocausa ha estado salpicada de polémica, y veremos en qué termina el juicio, el primero de varios, como en la Gürtel, que va a ser largo y va a dar mucho que hablar, porque el banquillo es de lujo, y va a haber candela de la buena ,bambú del duro para muchos.

O sea, que todo es normal en esta España nuestra del rajoyismo rampante. Todo muy normal. Y lo que nos queda por ver en esta normalidad desesperante.