Tras Barcelona, la prevención, la unidad y el miedo

Está casi todo dicho. De nuevo el horror. Lo sabíamos. El Daesh nos tenía en el punto de mira, somos objetivo en este guerra que nos tienen declarada. Y aunque las labores de inteligencia preventiva en España están al máximo nivel de eficacia, muy por encima de los países de nuestro entorno, la seguridad absoluta es imposible. España ha sido atacada en Barcelona y Cambrils. Antes nos atacaron ya, como lo han hecho contra EEUU, Francia, Alemania, Gran Bretaña y muchos otros países en África y Asia que no ocupan tanto lugar porque somos así, pero donde las vidas valen lo mismo.

Es verdad que ha habido fallos en los Mossos de Esquadra desde el punto de vista preventivo, tras el atentado de Niza el Ministerio de Interior recomendó instalar algún tipo de barrera en la Rambla y en La Sagrada Familia. Y en la primera no lo hicieron. Pero habrían actuado en otro lado. Porque la prevención es ejemplar en el ámbito policial, pero no se trata solo de llenar nuestras calles de barreras físicas frente a la amenaza terrorista, sino también de cuestiones políticas, sociales, morales, ideológicas, cívicas, y ahí creo que nos queda mucho que aprender y aún hay muchos complejos que superar. La amenaza del terrorismo islamista, del Daesh y los demás, no es por lo que hacemos o dejamos de hacer ahora, sino por lo que somos. Y si no defendemos lo que somos y queremos seguir siendo cada día nos harán daño.

No se puede abordar el análisis de esta tercera guerra mundial abordando el estudio del enemigo desde nuestra propia mentalidad. No se trata de desahogarse diciendo que están locos, que son unos fanáticos o que vaya hijos de perra. No. Es estéril, tanto como las palabras huecas de condena de los partidos y sus líderes. Son sinceros en la condena, pero torpes en sus actos cuando pasa el horror, que es rápido. Es necesario acercarse al problema ahondando en su estrategia y su psicología. Por eso escucho con atención a Jorge Jiménez, psicólogo criminalista, y a dos especialista del CNI que saben de que va esta historia. El Daesh evoluciona con rapidez, se adapta a las circunstancias, nos analiza, nos conoce y sabe dónde están nuestros puntos débiles. Primero fueron los comandos de entre 5 y 10 activistas que eran entrenados y tras una minuciosa planificación, actuaban al uso del terrorismo clásico. Hace años era el terrorista mártir, que entregaba su vida tras un proceso de radicalización y preparación para practicar el terrorismo tras un largo período de adoctrinamiento y entrenamiento. Primero se trataba de grandes y potentes explosiones. Cuando por ese camino los cuerpos policiales les ganaron el terreno, se pasaron a los artefactos de menos tamaño o al uso de armas largas. En ocasiones, como en Barcelona ahora, se organiza una célula numerosa, con cierto grado de autonomía entre ellos, compuesta al parecer por varias parejas de hermanos. Se adaptan a las circunstancias con un único objetivo, que el daño sea inmenso, que las víctimas sean muy numerosas.

Aunque disponen de psicólogos, terapeutas y otros especialistas en formación y adoctrinamiento, el trabajo de estos se complica en la medida que mejora el nivel de las policías y la colaboración internacional. Necesitan adoctrinar y radicalizar con rapidez, porque no es sencillo, y la cantera de candidatos tampoco es infinita. Y van apareciendo nuevos métodos para captar a los mártires. Algunos lo llaman radicalización express, labor en la que juegan un papel esencial internet y las redes sociales. Ello permite el acceso, la captación, una suficiente grado de formación y todo ello sin necesidad de contacto físico con el grupo. La formación militar se complica por la monitorización de las policías de los viajes a Siria u otros campos de entrenamiento, y consiguen unas formas de matar nada militares, más simples y menos costosas: un cuchillo con el que cortar una cabeza o conducir una furgoneta para apiolar a quien se pone en el camino. Pero ya no estamos ante mártires que dan su vida, no se arrodillan y rezan antes de inmolarse, volvemos al terrorista que asesina y trata de huir, esconderse y volver a hacerlo. Un paso atrás. Y ahí los psicólogos juegan su papel. Detectan personas con problemas de identidad, dependencia grupal, aislamiento social, marginalidad, rencor, falta de integración, saben convencerles de quienes son los responsables de sus drama e inculcarles el camino de la venganza que, además, les llevará al cielo como héroes. Eso con ellos. Con ellas, la sumisión como fuente de placer inmenso y cuando están convencidas, deseosas de ganarse el cielo, se encuentran sometidas a la explotación sexual miserable. Así está funcionando este terrorismo de tercera generación. Todo esto evidencia que no les queda otra que reclutar en la marginalidad, en el mundo delincuencial, personal con alguna experiencia violenta o de conflicto previa, casi todos relacionados con el consumo de alguna droga, en los que la ideología es secundaria y la religión no es lo relevante de inicio. Una suerte de externalización de los servicios en donde también se genera una remuneración económica.

Y seguirán evolucionando y adaptándose a las circunstancias. Matar es desgraciadamente sencillo. Un poco más complejo es hacerlo de modo masivo, pero siempre encontraran a alguien dispuesto a hacerlo por dinero, convicciones, interés, religión, ideología… Su habilidad está en la detección de los posibles asesinos. Por eso nos llevan ventaja y combatirles es complejo. La prevención es esencial, y ahí, insisto, ese clave quitarse los complejos y saber compatibilizar con efectividad un alto nivel de seguridad pública manteniendo los valores esenciales de nuestro Estado de Derecho y nuestra sociedad libre, de valores democráticos innegociables, en los que se garantizan las libertades, todas, incluidas la libertad de movimiento y la de expresión, pero sin que ello suponga posibilitar la expansión de fanatismos criminales que puedan dañarnos y vulnerar principios esenciales que debemos mantener porque son la base de nuestra sociedad de valores y principios.

Ya he dicho que la seguridad cien por cien es imposible. Pero lo sucedido en Barcelona evidencia que la célula terrorista no fue detectada y que algunos trabajos preventivos fueron deficientes por parte de loa Mossos y el Ayuntamiento de Barcelona. Y detrás de este problema sobrevuela la famosa unidad de los partidos y los políticos frente al enemigo común, una unidad que es irreal, que solo se transmite en las fotos y en la cabeza de la manifestación, en la expresión del eslogan “No tenemos miedo”, pero por debajo hay desunión y recelos inmensos. De entrada, Rajoy y Puigdemont tardaron demasiadas horas en verse y comparecer juntos como presidentes de los Gobiernos de España y Cataluña. El Rey creo que debió llegar antes a Barcelona. Al final sí, hubo una imagen impecable y simbólica frente a los asesinos, pero no es real, lo saben y lo sabemos. Veremos cuanto tardan en aparecer las fisuras. Exactamente lo que tarde el duelo, que no será mucho, y volvamos a las miserias de cada día. Si se imponen los intereses a corto plazo de su tacticismo político y sus agendas relacionadas con lo que les ha ocupado hasta ahora sobre la independencia, la eficacia en la lucha contra este terrorismo peligrosísimo será escasa. Hasta hace nada en Cataluña, la clase política que manda pregonaba con altavoz que la ilegalidad y la desobediencia a las leyes era lo esencial y hasta lo épico. Presumían de su insumisión y gastaban millones en la propaganda para vulnerar la ley. ¿Miedo? No se si ellos lo tienen, pero estoy en Cataluña, y, como en todos lados, mucha gente sí tiene miedo, a los terroristas, claro, pero también a que los políticos se centren en lo suyo y desatiendan lo nuestro, y por lo tanto nuestra seguridad. Dudo que en Cataluña hoy haya sido vencido el miedo porque dudo de que muchos tengan clara la gravedad, no de lo sucedido, sino de la situación de fondo. No tener miedo requiere tener claros los principios que se defienden en una sociedad libre. El miedo es libre, existe y es necesario. Como eslógan mola, queda guapo, pero no es real. Los grandes héroes de la historia tuvieron miedo. La clave está en saber controlarlo, gestionarlo y convertirlo en un arma moral para vencer a quien te lo genera. Hay un de bate político sin resolver en Cataluña y cuando pase el luto, reaparecerá, y no va a ser fácil, al contrario, va a ser más complicado. A ver entonces a que altura queda cada uno. No falta mucho para que lo veamos. Porque la puñetera verdad es que algunos de los que están en el poder no defienden tampoco los valores esenciales de la sociedad libre que nos hemos dado, y también quieren destruirla. Va a ser muy duro. Siento escribirlo en pleno duelo, pero creo que vienen semanas que no van a ser agradables. Porque no va a haber unidad, y va a haber miedo.