Israel y el Daesh

Ayer, un camión se lanzó en un barrio de Jerusalén contra los viandantes junto a una parada de autobús. Cuatro personas asesinadas. El terrorista que conducía el vehículo fue abatido antes de que pudiera acabar con la vida de más personas. Un atentado, probablemente del Daesh, uno más, ayer escribía de ello, igual a los que se han producido en algunas otras localidades europeas. Este método de matar comenzó en Israel, es una derivada del coche bomba, y lo han ido perfeccionando con el tiempo. La diferencia es que ayer el asesino no pudo escapar y en Europa sí. ¿Es lo correcto?

Todos los países democráticos, en sus legislaciones, con más o menos límites, regulan como atenuante e incluso como eximente de responsabilidad penal la legítima defensa. Sucede que en Israel, una democracia joven, que no se avergüenza de serlo, son conscientes de que hay una guerra, y defienden lo suyo, sabedores de que o plantas cara al enemigo o el enemigo acaba contigo. En Europa, setenta años después de que los americanos nos liberaran del nazismo, seguimos discutiendo sobre la defensa del continente, continuamos a lo nuestro desunidos, asistimos a un atentado tras otro sin aprender. Y los asesinos del Daesh conocen nuestros fallos operativos, nuestros complejos, nuestras servidumbres, y se aprovechan de ello.

Desgraciadamente, la violencia está arraigada entre los seres humanos desde hace mucho tiempo, no se ha inventado ayer. Podemos defendernos mejor de este enemigo de nuestra civilización, defendiendo los derechos humanos, respetando la legalidad, pero mejorándola, adaptándola a los nuevos tiempos, siendo contemporáneos, y entendiendo que el problema no es nimio, y va a seguir costando muchas vidas. Y en Israel, con todos sus fallos y sus defectos, y con un sistema tan democrático como el nuestro, aunque más joven, lo hacen.

Israel es el único país democrático de la región, rodeado de otros países inmensamente ricos y poblados en los que la democracia es una quimera. Pero en Occidente el antisemitismo es de modo incomprensible una bandera de la izquierda caviar y llega incluso a niveles insólitos de persecución, incluso desde instituciones gobernadas por populistas que aplican el BSD (Boicot, desinversiones y sanciones), un plan perfectamente diseñado como un supuesto apoyo al pueblo palestino, que en realidad es una campaña antisemita, financiada esencialmente por Irán, que pese a su gravedad pasa desapercibida o incluso es apoyada hasta por medios de comunicación e instituciones municipales de varias comunidades autónomas españolas.

Debiéramos pensar seriamente en España que es mejor para nosotros, si condenar o incluso perseguir a Israel o estar a su lado en la lucha contra el Daesh y los enemigos de nuestra democracia, de nuestra forma de vivir en libertad, de nuestra civilización.

Ello es compatible con criticar a Israel cuando se equivoca o cuando comete un exceso. Hace muy pocos días hemos tenido un ejemplo de ello. Un tribunal militar declaró culpable de homicidio al soldado Elor Azaria, de 19 años. La sentencia será conocida el próximo día 15, y pude llegar hasta los 20 años de cárcel. Los jueces consideraron probado que Azaria disparó a matar a corta distancia a un terrorista palestino que ya estaba reducido y que no suponía un peligro para los soldados israelíes. El asunto ha desatado una importante polémica en Israel y ha dividido a la opinión pública. Los hay que defienden que un militar no puede acabar con la vida de un enemigo herido, cautivo y por lo tanto en ese momento inofensivo (con los que estoy de acuerdo), mientras otros sostienen que no se puede condenar a un soldado por acabar con un terrorista que había herido a sus compañeros y había tratado de matarle a él, y estos reclaman ya su indulto antes de conocerse la pena.

Este debate, en un pequeño país rodeado de enemigos que tratan cada día de acabar con ellos, que vive en guerra, abierta o no, pero en guerra, me parece ejemplar. Es un debate propio de una democracia, de un Estado de Derecho en el que hay leyes y se respetan, en el que hay tribunales independientes que dictan sus sentencias libremente. Israel es una democracia, ha convertido en pocos años un desierto en una tierra fértil y viven rodeados de enemigos con sistemas totalitarios que tienen como fin principal su destrucción. Resoluciones judiciales como esta refuerzan a Israel frente a tanto antisemita desconocedor de la realidad de la zona, de la realidad y de la historia.

Europa tiene mucho que aprender de Israel en muchas cosas. De sus errores para no incurrir en ellos. De sus aciertos para afinar y mejorar en la lucha contra un enemigo universal de nuestra civilización.