El Congreso en el que Rajoy sucederá a Rajoy

Andan muy revueltas las aguas populares por toda España tras la muerte de Rita Barberá y el dislate posterior con tantas salidas de pata de banco, tanto exceso y tanta cobardía y cinismo en la hora undécima del adiós a una de las artífices de la victoria interna de Rajoy el 2008 que le lanzó a La Moncloa, ayer elogiada como la mejor y al final expulsada como una apestada. Pero la maquinaria no se para y el Congreso de los días 10, 11 y 12 de febrero está a la vuelta de la esquina. Rajoy ya tiene sus avales para optar por cuarta vez a dirigir el partido, y prepara su sucesión por sí mismo con cínico esmero en convencernos de que pretende junto a sus cuates modernizar el funcionamiento interno.

Tras la derrota de Sarkozy en las primarias de los conservadores franceses desde Génova no dejan de trasladar el mensaje de que tan democrático o más es su sistema que la votación directa de los militantes, y no dejan de repetir que de hacer unas primarias abiertas como los franceses “un militante del PSOE, o de Podemos, o cualquiera, pagando dos euros podrían influir en quién es el líder del PP, lo cual es como una broma de mal gusto”. A pesar de que en la Conferencia Política de julio de 2015 los populares abrieron la posibilidad de que cada militante tuviera un voto, tesis cuya defensa lidera Cristina Cifuentes, ahora la cosa se ha enfriado, “aunque nadie debe dudar de que tras el Congreso el PP será más democrático aún, se mejorará la participación de los afiliados y nadie podrá decir que su partido es más abierto y participativo que el nuestro”.

Rajoy no va a tener rival, y la única incógnita a despejar es si finalmente María Dolores de Cospedal seguirá siendo la secretaria general, compatibilizando el cargo con el Ministerio de Defensa, o como se malician algunos será Fernando Martínez Maillo quien sea el elegido para llevar las riendas del PP, siempre, claro, a las ordenes del jefe. A día de hoy me cuentan en Génova que “Rajoy no está por la labor de que siga Cospedal”, pero en política más de dos meses son toda una vida.

Rajoy ha repartido juego. Luis Fernanda Rudi preside la comisión organizadora del evento. Cristina Cifuentes presidirá el Congreso porque se celebra en Madrid. Alberto Núñez Feijoo, el delfín que no acaba de dar el paso, estará en la ponencia de Economía y Administración Territorial. Martínez Maillo está al frente de la ponencia Política, que es la que abordará los cambios que puedan producirse en la maquinaria interna de elección y funcionamiento del partido. El inasequible e indestructible Javier Arenas estará con Feijoo en la ponencia de Economía. Y los tres jóvenes, abrasados a críticas por su dureza en las críticas a la fallecida Rita Barberá, tienen su cuota de protagonismo al frente de comisiones: Pablo Casado en la de Europa e internacional, Javier Maroto en la Social y Andrea Levy en la de Educación.

O sea, que ni primarias ni sucesión a corto. Rajoy sucederá a Rajoy y el PP seguirá siendo ese partido que, pese a la corrupción rampante, a estar imputado como organización política, o sea, en pleno, es una estructura sólida, compacta, resistente a cualquier tsunami, entregada a un líder que lo aguanta todo. Como ya comentamos en este andén, si la legislatura es corta, Rajoy no cabe duda que será el candidato popular en unas hipotéticas elecciones a celebrar en 2017 o 2018. Si la legislatura llega a su final, Rajoy decidirá entonces si seguir o poner en marcha un proceso sucesorio controlado en el que, como si fuera un accidente, él elegiría al sucesor, como Aznar le eligió a él, aunque ahora se arrepienta cada día de ello.