5 años ¿sin ETA?

Hoy se cumplen cinco años desde que la organización terrorista ETA declarase el “fin definitivo de la actividad armada”, que es como ellos llaman a la máquina de matar en que se convirtieron desde que hace más de diez lustros cometiera su primer asesinato. Es verdad, ETA ha sido derrotada en España democráticamente (salvo los años de plomo de los GAL), tanto en el ámbito de la sociedad civil como política, policial y judicialmente. Pero ETA sigue ahí, agazapada, y acabamos de verlo con la paliza a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua, y acabo de percibirlo el pasado fin de semana paseando por algunos pueblos del Gohierri y de Álava, donde caminar bajo las miradas desafiantes de los proetarras se convierte en algo muy desagradable. Siguen señalándote con la mirada, permanecen las Herriko Tabernas, los carteles y pintadas y el odio que desprenden sus pupilas. ETA no mata, pero en algunos lugares donde aún tiene predicamento, desde su silencio criminal, no te deja vivir.

Pero hablar de que ETA ya no existe resulta enormemente peligroso. ETA existe, tienen nombres y apellidos, algunos apoyos aún (ayer en la Autónoma los que les hicieron el escrache a González y Cebrián llevaban pancartas proetarras), no ha entregado ni un solo arma ni explosivo, no ha pedido perdón a las víctimas, no ha escenificado un acto político formal anunciando que desaparece. Sí, han sido derrotados, pero permanecen.

Ha sido un gran error, especialmente del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, hablar de paz. Con ETA no ha habido guerra alguna. Unos, ellos, ETA y sus muchos cómplices en la sociedad vasca, asesinaban, secuestraban, extorsionaban, maltrataban, golpeaban, y otros, el resto de los ciudadanos, eran sus víctimas. Esas víctimas que durante mucho tiempo, y aún hoy para muchos, han sido incómodas cuando se han posicionado contra el discurso oficial. Esas víctimas que merecen más respeto del que se las ha tenido.

Durante decenas de años los etarras y sus cómplices han obtenido mucho rédito de las actuaciones asesinas de la banda. Mucho. Y han actuado con una impunidad en el País vasco y en el sur de Francia que resultaba insoportable. Ha habido cesiones, muchas, pero ellos han seguido siempre a lo suyo. Lo ocurrido en Alsasua, donde gobiernan Beroa Bai y Bildu, es la evidencia de que aún hay en el País Vasco y en Navarra localidades en las que los españoles, no digamos si hablamos de policías, guardias civiles o militares, no son bienvenidos, son maltratados, acosados y no hay libertad de expresión.

Como políticamente han sido derrotados, pero se sienten aún con enorme capacidad de coacción, ETA y sus acólitos quieren ahora dejar sentado que ellos son las víctimas. Esta es una batalla a fondo por lo que algunos llaman el relato, o sea, cómo contamos el final. Y es evidente que en un país democráticamente sano ha de haber vencedores y vencidos, asesinos y víctimas, no todos somos lo mismo en esta historia terrible. Ahora ETA no deja muertos en las aceras, pero sigue imponiendo el miedo en muchas localidades españolas en las que aún gobiernan los suyos. ETA sigue presente en muchas instituciones, sus secuaces e incluso algunos de los suyos son la segunda fuerza política en votos en el País Vasco y los terceros en Navarra, y dispone de muchos alcaldes con inmenso poder en pueblos en los que pasear es un dolor si eres español. No han dejado de asesinar por una cuestión moral, sino táctica y estratégica. Llevamos cinco años sin ETA, pero ETA sigue ahí, agazapada, y si nos confiamos habrá más sustos. Lo de Alsasua no es una broma.