El debate electoral será político y Sánchez no tiene credibilidad y menos para prometer un millón de empleos, ya mintió demasiado

El presidente intenta llevar la campaña electoral al ámbito económico con promesas que no cumplirá mientras soporta el lastre de sus decisiones políticas más escandalosas y polémicas

Feijóo y Sánchez se saludan en el Senado

EFEFeijóo y Sánchez se saludan en el Senado

El debate electoral de los comicios del 28-M es político y no económico y se resume en saber si los los ciudadanos quieren un cambio de ciclo político. Es decir si quieren que se vaya Sánchez y que llegue Feijóo. Y lo demás son cosas añadidas donde la economía, lo municipal y autonómico apenas van a contar en la decisión electoral de cada uno.

El llamado ‘escudo social’ del presidente Sánchez (gastos en pensiones, SMI, ayudas y salarios de funcionarios) con el que el presidente creyó haber comprado los votos de estos colectivos no impedirá que una gran parte de estos ciudadanos voten al PP. Sánchez paga con dinero público y Feijóo se llevará la mayoría de los votos.

Además ya sabemos que las promesas electorales son gratis -la mentira no se castiga- y se pierden en el olvido. Pero no todo, porque inolvidables son las promesas de Sánchez de 2019 de no indultar a los golpistas catalanes y no pactar con Podemos, ERC y Bildu e incumplió todo tan sólo unos días después de que acabarán las elecciones.

Y ahora Sánchez promete ¡un millón de empleos! en dos años y 180.000 nuevas viviendas y el crecimiento a más del 2 %, y la conquista de la Luna. Es decir, todo es mentira como suele ser habitual en Sánchez. Y además y con un mayor motivo porque todas las encuestas le anuncian que perderá las elecciones y que entonces el que gobernará será Feijóo.

Por más que se empeñe Sánchez con sus promesas económicas que no va a cumplir, el vigente debate electoral es político e ideológico y las promesas económicas no engañarán a nadie y menos viniendo como vienen de un político que miente y arrastra un decálogo de graves decisiones políticas que sí han indignado a una mayoría de ciudadanos como las siguientes:

-Indultos a los golpistas catalanes, en contra de lo que prometió en 2019 el presidente y en contra del dictamen de la Fiscalía y del Tribunal Supremo.

-Reforma del Código Penal, para suprimir el delito de aedición y rebajar las penas del delito de malversación en beneficio también del golpismo catalán.

-Reagrupación masiva de los presos de ETA en el País Vasco, en concesión a Bildu.

-Marginación nacionalista, con apoyo del Gobierno y del PSOE, de la lengua española en Cataluña, Pais Vasco y Baleares.

-Salida de la Guardia Civil de Tráfico de Navarra por exigencia de Bildu.

-Cese ilegal, según el TS, del coronel Pérez de los Cobos de la Guardia Civil

-Nombramiento como magistrado del Tribunal Constitucional y como Fiscal General del Estado de políticos que han sido ministros del PSOE.

-Entrega del Sáhara Occidental a Marruecos que no ha sido explicada, a pesar de la responsabilidad histórica de España con los saharauis.

-Fracasó de la Ley Montero del ‘sólo sí es sí’ que benefició a 1.000 delincuentes sexuales.

Estas decisiones de Sánchez y su falta de credibilidad lastran su liderazgo político y solo basta que la oposición las repita en estas semanas próximas para que Sánchez no sepa qué responder. Lo que no sabemos si repetirá este decálogo el PP de Feijóo porque su labor de oposición es bastante confusa y desorganizada.

En cuanto a la economía sólo hay dos cuestiones que preocupan e impactan en la vida familiar de los españoles: el coste de la alimentación y el precio y las subidas de las hipotecas. Y para estos problemas cotidianos no tienen soluciones a la vista y creíbles ni el PSOE ni el PP.

Motivos todos ellos por los que el resultado electoral sólo va a depender de una cosa: la de saber si los españoles quieren o no un cambio de ciclo en la política nacional. O dicho de otra manera si quieren que se vaya Sánchez y que llegue Feijóo.