Recuperación económica y medioambiental

La humanidad afronta dos graves problemas que solo pueden abordarse desde una perspectiva global. Los Estados, por separado, muy poco o nada podrían hacer para resolverlos. Es evidente para cualquier lector de estas líneas que el más acuciante hoy es el causado por la propagación pandémica de la Covid-19, que tanto está transformando nuestros modos de vivir.

Menos visible es el segundo, quizá debido a la perturbación general producto de la pandemia: se trata de la acelerada emergencia climática que va a transformar nuestro hábitat, de modo muy negativo y en plazos perentorios, si no se toman a su debido tiempo las medidas oportunas.

Ambos problemas crean un dilema: los planes de recuperación económica tras la depresión causada por la Covid-19 pueden poner en peligro los proyectos para hacer frente a la emergencia climática: el desarrollo de energías renovables, los vehículos eléctricos o una mejor eficiencia energética. Esto es así porque en muchos países, para acelerar la ansiada recuperación, se está reavivando el uso de los combustibles fósiles y reduciendo los recursos dedicados a proteger el medio ambiente.

Vivid Economics es una consultora internacional sobre estrategias de economía, que ha analizado qué parte de los recursos de reconstrucción se dedica en cada país a programas que tengan un positivo impacto ecológico.

Su director ejecutivo opina que "el medio ambiente y el cambio climático no han estado en el centro de los planes de recuperación [económica tras la pandemia]". El resultado del último informe publicado muestra, como se ve en la figura adjunta, que solo cuatro Estados y la Unión Europea han adoptado planes que tienen un efecto positivo frente la emergencia climática.

Sepa ahora el lector que esos países son: Francia, España, Reino Unido y Alemania, en orden decreciente. A ellos se uniría EE.UU. si se activasen los planes previstos por Biden.

Por el contrario, en dieciocho de las mayores economías mundiales los planes de recuperación tienen características negativas para afrontar la emergencia climática. En China, solo el 0,3% de su plan se refiere a proyectos "verdes"; en EE.UU., apenas supera el 1%. En otros países los efectos positivos se ven menguados por los negativos: Canadá dedica recursos al aislamiento de viviendas, energías limpias y transportes ecológicos, pero concede rebajas fiscales a los combustibles fósiles. India aplica recursos a la economía sostenible, pero fomenta la extracción de carbón mineral.

Aún más: existen Gobiernos que se sirven de esos planes de recuperación económica para anular o minimizar la legislación climática y fomentar las industrias extractivas de combustibles fósiles, como sucedía hasta ahora en EE.UU. (¿cambiará con Biden esta política?), así como en Arabia Saudí, Australia, Brasil, Indonesia, México, Rusia, Sudáfrica y otros.

La mayor parte de los 12 billones de dólares que el mundo va a dedicar a la recuperación económica tras los efectos de la Covid-19 se ha destinado a aumentar la liquidez, sostener los salarios y evitar la quiebra de las empresas. En esos programas poco espacio hay para reforzar la economía "verde". Según Nicholas Stern, el economista climático británico, "la economía verde se ha retrasado porque estamos lidiando con el virus, salvo en algunos países como China. Si hubiéramos combatido bien el virus en Europa, mejor irían ahora las cosas. Pero estamos en la fase de confinamiento y rescate. No podemos recuperarnos económicamente hasta que no gestionemos mejor la pandemia".

Mientras el mundo se plantea cómo afrontar mejor la letal e inminente combinación de pandemia vírica y emergencia climática, en España la política nacional gira en torno a pequeñeces locales, disputas de campanario, ásperas e infundadas descalificaciones de partidos o personas, intercambio de insultos o amenazas y grave parálisis de algunas instituciones democráticas esenciales. Reconozcamos pues, a pesar de todo, el mérito que supone que el programa de recuperación que el Gobierno ha enviado a Bruselas pone a España entre los cuatro países mejor situados ante el doble reto pandémico y climático. Sin exhibir banderas ni proferir exabruptos. La mejor España, la que sabe estar más cerca de la idea que de la rabia.