Vuelven los B-52

El pasado 21 de agosto, seis superbombarderos B-52H "Stratofortress" de la Fuerza Aérea de EE.UU. se trasladaron desde la base aérea Minot, en Dakota del Norte, hasta la base británica de Fairford, en Gloucestershire. El propósito del viaje era participar en unas maniobras en el espacio europeo durante varias semanas.

Se desconoce el tipo de armamento que llevaban a bordo, pero cada uno de esos bombarderos gigantes puede transportar en su bodega ocho misiles de crucero de tipo AGM-86B con carga nuclear. También pueden llevar bajo las alas otros 12 misiles de crucero, lo que no ocurrió en este caso. En resumen: los seis bombarderos desplazados a Europa tenían capacidad nuclear suficiente para arrasar gran parte de Rusia Occidental, incluyendo Moscú y San Petersburgo.

Los bombarderos B-52 fueron proyectados durante la Guerra Fría para atacar el territorio soviético con armas nucleares, tras volar sobre el Atlántico, el Pacífico o el Ártico; también operaron como bombarderos convencionales en la guerra de Vietnam y en otros conflictos. Se cree que actualmente hay unas 44 unidades en servicio, por lo que los seis enviados hasta el mismo borde de la frontera rusa en Europa, una séptima parte de toda la fuerza nuclear estadounidense basada en ese tipo de avión, indican la disposición de EE.UU. a amenazar con un conflicto nuclear a su rival euroasiático.

Durante su estancia en Europa dos de ellos volaron sobre el mar Báltico, muy cerca de Kaliningrado, la gran base rusa abierta a dicho mar, justo el día en que se reforzó el contingente militar de EE.UU. en Lituania, coincidiendo con el conflicto electoral en la vecina Bielorrusia. En otra ocasión, tres aparatos, acompañados por cazas ucranianos, sobrevolaron el mar Negro cerca de Crimea y la zona oriental de Ucrania, dos puntos de alta conflictividad. Esta incursión hizo despegar con urgencia a los cazas rusos de interceptación que, como en otras ocasiones, se acercaron a observar a los bombarderos estadounidenses.

Aunque el Mando de las fuerzas estadounidenses en Europa anunció que la visita de los bombarderos tenía por objeto "dar confianza a nuestros aliados de la OTAN", la realidad parecía mostrar que se trataba más bien de una demostración de fuerza cuando la tensión entre EE.UU. y Rusia parece estar agravándose.

Durante la Guerra Fría, exhibir la fuerza nuclear se hacía solo con fines disuasorios, nunca agresivos. La doctrina oficial de EE.UU. y de sus aliados (también la de la URSS) era que el simple poder nuclear, capaz de arrasar en represalia a cualquier otro Estado, evitaría ser agredido. Era la llamada "destrucción mutua asegurada". Esto no impedía que siguiera latente la idea de que atacando masivamente y por sorpresa se podría evitar la reacción del enemigo y alcanzar la victoria.

Tras el fallido intento de Obama de "reducir el papel de las armas nucleares en nuestra estrategia de seguridad nacional", como dijo al recibir el premio Nobel, la llegada de Trump cambió las cosas. Se estableció oficialmente en 2018 que los "vuelos al exterior muestran la capacidad y la decisión de EE.UU., incluso en tiempos de tensión".

El Océano Ártico, el mar de China, Formosa y algunos puntos críticos en Europa son el teatro de operaciones donde EE.UU., en la era de Trump, está jugando con fuego, fuego nuclear. Los vuelos de esos bombarderos en la proximidad de aguas o territorios de soberanía rusa o china pueden causar incidentes irreparables y, como ya es sabido, no son la reflexión ni la prudencia las cualidades que adornan algunas decisiones tomadas por Trump en política internacional. Ciertamente pueden hacer recelar a rusos y chinos, pero esto les llevará a reforzar su capacidad nuclear y a desconfiar de cualquier intento de aproximación diplomática de EE.UU., en el que verán una trampa.

En fin, como he citado en un comentario anterior, se podría aquí imitar a Monterroso con un minirrelato: "Al despertar de la pandemia, las armas nucleares todavía estaban allí". Suponiendo, claro está, que alguna vez despertemos de esta pesadilla vírica que tanto está perturbando nuestras vidas.